
Isidoro Tadeo Cruz, Martiniano Chilavert, Marechal y el Quijote salen al encuentro del despertar poético del autor de Operación Masacre

Por Nicolás Aused
Cualquier destino, por largo y complicado que sea,
consta en realidad de un solo momento: el momento en
que el hombre sabe para siempre quien es.
Jorge Luis Borges, Biografía de Tadeo Isidoro Cruz (1829-1874)
1
Hace algunos años tuve la oportunidad de generar un encuentro para charlar sobre la vida y obra de Rodolfo Walsh. En líneas generales pensé en repasar su trayectoria, la importancia de sus publicaciones y los momentos destacables de su vida. Como metodología, utilicé algunas notas que fui tomando a medida que leía o releía sus textos. Estas me sirvieron como disparadores: tendían a generar preguntas, a ampliar los temas posibles; en definitiva, a enriquecer la exposición. Más tarde me di cuenta que, en general, estas notas tenían características poéticas: aparecen en el texto de manera potente, luminosa, y sus posibilidades de desplazamiento en busca de otros sentidos me resultaron notables.
Por ejemplo, en Operación Masacre1, sabemos con una exactitud asombrosa que, a las 22.31 del 9 de junio de 1956, en Radio Nacional, estaba sonando Bach; que a las 22.59 Maurice Ravel; y a las 23.30 Igor Stravinsky.
A partir de la precisión milimétrica en el uso estricto de estos datos, Walsh puede sostener que el operativo que detuvo a los futuros fusilados en José León Suárez era ilegal, ya que el decreto, para poder aplicarse, debía darse a conocer públicamente, y esto recién sucedió a las 00.32 del día 10. El método detectivesco utilizado por Walsh, como si fuera un personaje de sus propios cuentos policiales, me dejó con la sensación clara de que había algo más que datos útiles en esos párrafos. Lo que aparecía detrás del dato –su telón de fondo– era el carácter poético de la narración, la música sonando como si nada pasara.
En la reconstrucción del itinerario de Horacio Di Chiano, quien logra escapar del basural de José León Suárez y llega a una estación de colectivos para subirse, desesperado, al primero que pasa, Walsh resalta el dato de que el boleto que le da el chofer del colectivo es capicúa. Para quienes hemos viajado en colectivo, sabemos bien que un boleto capicúa augura la suerte del pasajero. Otra vez: un dato duro, rígido, con características poéticas.
Estas notas reaparecieron en mi memoria luego de tener algunas charlas con Fidel Maguna, a partir de la lectura de su muy recomendable libro La pluma en la garganta2, donde se va desgranando de manera precisa y metódica el panorama sobre las dificultades de encontrar, en la propia biografía de Walsh, a ese autor que explora e investiga en base a un rico universo poético, irónico y humorístico; un Walsh poco visitado que parece vivir a la sombra de la épica que tienen su vida y su obra.
A partir de estos idas y vueltas con Fidel, fui revisando esas notas, que voy a ir tratando de exponer de la manera más ordenada posible. Se hará, entonces, el intento de visualizar algunas situaciones concretas de la vida de algunos hombres, reales o ficticios, con la mera finalidad de pensar a Walsh desde otros lados, explorando posibilidades, puntos de encuentro, referencias probables.
Todas las situaciones que se exponen a continuación sobresalen por tener el mismo eje: la necesidad imperiosa de actuar ante la injusticia.
2
En Operación Masacre, Walsh describe la escena donde su vida se trastoca para siempre a partir de escuchar a alguien comentar: “Hay un fusilado que vive”. La frase aparece ante él como un latigazo. Y ante nosotros, también: cómo es posible que un fusilado esté vivo. Cualquier cuento policial podría empezar así. La extrañeza y la curiosidad que le produjo es el principio del fin del jugador de ajedrez, del estudioso de las partidas de Nimzovich y Keres, del tranquilo habitué de un bar de La Plata a quien no le interesaba la política.
Walsh no sabe por qué le llama la atención esa frase, no sabe por qué pide hablar con Juan Carlos Livraga, el muerto viviente; pero, mientras lo escucha narrar su tragedia, mirándolo directamente a los ojos, Rodolfo Walsh sabe3.
Es este saber, este momento decisivo, donde hay un punto de quiebre, una especie de satori criollo que marca definitivamente el destino de un hombre.

3
Ahora pongamos por caso a un hidalgo de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor, quien, profundamente conmovido por la lectura de libros de caballería, sale una mañana convertido en Don Quijote de la Mancha, para desfacer agravios y enderezar entuertos4.
La transformación se da luego de varios días con sus noches, encerrado leyendo, hasta el momento en que entiende que el mundo entero es un lugar injusto y sale entonces a remedarlo.
Don Quijote ahora sabe. Además, cree que todo lo que ha leído es real. Algo increíblemente similar escribe Walsh en su prólogo: “Es que uno llega a creer en las historias que ha escrito o leído (…)”5. Los límites entre lo real y lo literario se vuelven difusos.
El cambio que se opera en esa transformación tiene un doble fondo: por un lado, Cervantes nos propone a un pobre viejo que se vuelve loco; pero a la vez, en su derrotero, el saldo termina siendo que la normalidad de las cosas es puesta en duda y nos vamos dando cuenta, en el correr del texto, que Don Quijote es el más cuerdo de todos. No casualmente se ha convertido en el arquetipo tragicómico de los que luchan contra la injusticia.
Habría que pensar, de paso, en ciertas lógicas en el manejo de los prólogos de Walsh y Cervantes (¿dos de los mejores prólogos que se han escrito?), donde ellos mismos parecen transformarse en personajes del texto que les sigue a continuación. En los dos casos, la realidad se desdobla, narrativa y realidad conviven, la obra se liga íntimamente con el autor para trastocar sus vidas. Los límites entre lo real y lo literario, insisto, se vuelven difusos6.
4
Otra situación similar parte de la cita que encabeza este texto: el momento exacto donde Isidoro Tadeo Cruz cambia su vida para siempre7. Cruz atraviesa ese momento clave, siendo parte de una cuadrilla de soldados que están castigando sin piedad a un gaucho solitario que resiste como puede a la golpiza. Ahí entiende, en ese momento lúcido, la injusticia de la situación, e inmediatamente cambia de bando y se pone espalda con espalda con Martín Fierro.
La comparación con Cruz tiene otro hilo conductor: Walsh tomó el apellido de José Hernández cuando tuvo que usar un seudónimo. Se llamó Daniel Hernández. Ese nombre que también utilizó como personaje de algunos de sus cuentos.
5
El nombre Daniel fue tomado del profeta que aparece en el Antiguo Testamento, al cual Walsh, además, cita en dos cuentos de Variaciones en rojo8, su primer libro.
Lo que me interesa remarcar en este caso es que, en el Libro de Daniel9, se cuenta la historia de cómo el profeta descifra una extraña escritura que ningún otro había podido esclarecer, lo cual puede llevarnos al propio Walsh del año 1961, en Cuba, desencriptando los cables secretos que definieron la victoria del ejercito revolucionario frente a la invasión yanqui a Bahía de los Cochinos y playa Girón.
6
En estos cruces entre biografía y literatura, aprovecho para agregar a Leopoldo Marechal, quien también dejó por escrito el momento exacto de su propia epifanía. Estando en su casa vio que las calles de Buenos Aires se empezaron a llenar de obreros, escuchó el sonido de los bombos que acompañaban los cantos de los trabajadores y no pudo hacer otra cosa que salir con ellos y marchar hasta la Plaza de Mayo, un 17 de octubre de 1945. Dice que fue la primera vez que esa Argentina invisible se hizo visible. Marechal empezó a ver, entendió al peronismo como la posibilidad de hacer visible lo invisible y su vida cambió para siempre10.
Creo que a Leopoldo Marechal le hubiera gustado mucho la idea de satori criollo. Es posible que Adán Buenosayres haya tenido el suyo propio en esa hermosa novela.
7
Volviendo a Operación Masacre, no pude sino detenerme en la breve pero rotunda referencia a Martiniano Chilavert: “Giunta, como Gavino, llega a la Estación Chilavert. Probablemente ninguno de los dos sabía que ese era el nombre de otro fusilado, el vencido de Caseros”11
Martiniano Chilavert, militar unitario, fiel seguidor de Lavalle y defensor férreo de las ideas liberales, se queda impactado luego de los hechos en la vuelta de Obligado, y decide ofrecerle sus servicios a Juan Manuel de Rosas.
Le escribe a Manuel Oribe, su antiguo compañero de armas, las siguientes palabras:
“El cañón de Obligado contestó a tan insolentes provocaciones. Su estruendo resonó en mi corazón. Desde ese instante un solo deseo me anima: el de servir a mi patria en esta lucha de justicia y de gloria para ella.12“
Chilavert paga con su vida esa decisión y termina siendo mandado a fusilar por orden de Urquiza, luego de defender hasta el final, con sus artilleros, la retaguardia del ejército de Rosas, en la batalla de Caseros.

8
En esta especie de juego de espejos –en esta tirada de cartas donde se puede construir una genealogía lúdica, un marco poético, que también es político, para el análisis– creo que hermanar a nuestro autor con Cruz, Chilavert, Marechal y el Quijote quizá nos pueda abrir algún panorama de posibilidades a la hora de pensar en Walsh.
No hay duda que estas situaciones pueden multiplicarse por miles. Este país sabe de coraje y de poner el cuerpo. Nuestros 30.000 desaparecidos dan muestra cabal de eso. Y muchos más, si nos proponemos pensarlo desde un poco más cerca13.
Por último, desdoblando, como en el Quijote, la realidad: ¿será posible que nosotros, ávidos lectores de Walsh, hayamos pasado nuestro propio satori criollo a partir de alguna de sus palabras?
Es más que probable que, si llegaste hasta estas líneas, la respuesta sea que sí.
Sólo con tu colaboración Revista Belbo puede seguir existiendo:

Notas al pie:
1 Operación Masacre, Ediciones de la Flor, 1972. Todas las referencias a esta obra corresponden a esta edición.
2 Maguna, Fidel, La pluma en la garganta, Rodolfo Walsh, biografismo y poética. Prólogo de Julián Axat, Editorial Punto de Encuentro, 2024
3 “No sé qué es lo que consigue atraerme en esa historia difusa, lejana, erizada de improbabilidades. No sé por qué pido hablar con ese hombre, por qué estoy hablando con Juan Carlos Livraga. Pero después sé. Miro esa cara, el agujero en la mejilla, el agujero más grande en la garganta, la boca quebrada y los ojos opacos donde se ha quedado flotando una sombra de muerte. Me siento insultado (…)” Ibid.
4 Don Quijote de la Mancha, Miguel de Cervantes, primera parte, capítulo 1. Edición del bicentenario, RAE.
5 Ibid 1.
6 Transcribo un breve párrafo, también del prólogo, donde realidad y ficción se mezclan y el uso del humor no parece estar vedado para Walsh: “Ésa es la historia que le oigo repetir ante el juez, una mañana en que soy el primo de Livraga y por eso puedo entrar en el despacho del juez (…) Entonces estamos todos avergonzados, me parece que el juez se conmueve y a mí vuelve a conmoverme la desgracia de mi primo.” (Las itálicas son mías).
7 El momento exacto es este: “¡Cruz no consiente / que se cometa el delito / de matar ansí un valiente!”, en el canto 9 de El gaucho Martín Fierro, de José Hernández.
8 Variaciones en Rojo, 1953. Las citas encabezan los cuentos “La aventura de las pruebas de imprenta” y el que le da nombre al libro.
9 Daniel, 5. 1-30, en el Antiguo Testamento.
10 En https://www.agenciapacourondo.com.ar/cultura/el-17-de-octubre-en-la-poesia-marechal-ocampo-y-lamborghini
11 En Operación Masacre ib, cap 25, “El fin de una larga noche”, página 51.
12 En https://es.wikipedia.org/wiki/Martiniano_Chilavert
13 Mientras voy revisando este texto, recuerdo la historia de Diego Lamagna, quien forma parte de los asesinados en la rebelión popular de diciembre de 2001. Diego tenía 26 años y era un conocido ciclista de freestyle. No creía en el sistema político, pero sentía una gran admiración por las Madres de Plaza de Mayo. Cuando el jueves 20 de diciembre vio por televisión que las reprimían, salió a la calle para defenderlas, y así se encontró con su destino. Murió después de haber sido herido en el pecho con un perdigón de plomo. Según testigos, le dispararon policías de civil desde una camioneta sin identificación en la ciudad de Buenos Aires. Estos datos fueron extraídos de informes de CORREPI y CELS.
Descubre más desde Revista Belbo
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.