
Presentamos los poemas de Joaquín D. Castellanos (primer premio), Ana Laura Buono, Marcelo Rizzi y Julia Vicario (primeras menciones), elegidos por el jurado compuesto por los poetas María Lanese y Federico Rodrígez, como los ganadores de la edición 2025 del Premio de Poesía Club Arizona.
Breve presentación del jurado
En los momentos oscuros que estamos atravesado (no solo por los ataques permanentes a la cultura), proponer, desde un club de barrio, un concurso de poesía, nos resulta no solo imprescindible, sino luminoso.
Que nos hayan convocado como jurado nos llenó de alegría. Que lo hayan hecho desde el Club Arizona, no solo por su historia, sino por estar enclavado en un barrio emblemático como la Sexta, fue para nosotros un gran reconocimiento y una gran responsabilidad.
Lo que celebramos es la cantidad y calidad de los trabajos que llegaron desde muy distintos lugares, los estilos y temáticas diversos, que hicieron difícil y al mismo tiempo placentera la tarea de decidir los premios y menciones.
Que esta iniciativa tenga continuidad —ya que este año hay un próximo llamado a un concurso de poesía (ver aquí)— al que se suma otro de narrativa, confirma el valor y el compromiso de los clubes de barrio con lo social.
Por esto, los invitamos a disfrutar y difundir los trabajos ganadores.
María Lanese
Federico Rodriguez

JOAQUÍN D. CASTELLANOS, PRIMER PREMIO
LOVE OVEROL
El bolsito cruzado en bandolera con el cansancio milenario hecho piel.
Se bajó del bondi en la esquina del campito y mecánicamente
los pies lo llevaron a la boca del amarillo monoblock.
Se presiente piltrafa, la mirada levemente desviada,
la que otorga esa ancestral fatiga laboral.
La boca seca como los bolsillos. Larga todo en un sillón desvencijado,
estratégicamente colocado cerca de la puerta de entrada y de salida.
Con automática liturgia, casi como en trance,
pondrá la pava. Los preparativos hasta el primer mate
ocurrirán en otro plano, en otra dimensión,
y recobrará el alma y los sentidos recién cuando el sabor de la yerba
lo asalte. Entonces por un rato no será
ni sus deudas ni sus problemas ni nada.
Por la ventana entrarán una cumbia lejana,
una nube de sopa y un cielo de témpera que le recordará
que todavía gobierna el sol.
NI SOCIAL NI DEPORTIVO
El frontis pide rescate hace como tres intendentes.
Flaco vecino olvidado es el mástil sin bandera
que vigila desde la esquina al débil escudo
apagado, más cada día, en la entrada del buffet cerrado.
El portón con candado le dice a todo que no.
La memoria de los muertos del barrio
lo siguen viendo pleno, a colores,
y la subterránea fibra óptica de la Internet
le gambetea la manzana y huye.
El tinglado, sin embargo, irradia
sobre su canchita múltiple los ecos de un tiempo maravilloso,
pretérito y futuro.
Por ahora sueña quieto, el club,
que un día lo despierte del letargo un buen grito de gol,
un himno otaku hecho Convención,
el estruendo estrepitoso de las bochas,
una fiesta rave, la campana de otro round,
mujeres que tejan crochet y chismes.
Por ahora tiene de rehenes en sus rincones
a seis señores grises que fuman y fuman, condenados a jugar
siempre el mismo partido de truco desde hace más de medio siglo.
LOS FANTASMAS
Me pregunto adónde van (y adónde han ido todo este tiempo)
a parar todos los vehículos del mundo
cuando se les decreta la defunción.
Es que hay en la periferia -si se mira desde el centro-
una especie de autos fantasmas luchando inútilmente
por quedarse en el plano de los vivos, orillando las calles escondidas,
empujados por la devaluación de la moneda
y la especulación de los autopartistas
a frustrar ese estéril intento reparatorio
y a cumplir por fin su inevitable destino de chatarra.
Pasa también con los transeúntes pero se nota menos.
PERIFERIA BLUES
Esto que usted observa al pie del terraplén
no es una campiña en las afueras de París:
es un potrero descolgado de una vía ferrea en Parque Casas.
Pasa que Natura irrumpe con un reverdecer mágico
y hay un cielo de foto. Mosquitos y vecinos igualados en sorpresa
contemplan desorientados el paisaje.
En los barrios, especialmente cuando el invierno inicia la retirada,
la esperanza es una idea diabla
que ningún egoísmo con fuerza de decreto o veto puede apagar.
EL BARRENDERO
Presto a ir a peinar la costa del cordón, sumido en auricular,
en el sentido que van los coches y con la paciencia del caracol,
barre los últimos vestigios de la noche
a contramano de un rayo de sol.
BALAS
Convento reo, cumbia y cicuta,
postal universal y berreta
que enhebra bravura y miseria
en sendos vasos desbordados;
mitin fulero y amable
que cobija pungas, putas, exonerados,
mecheras, estafetas,
caños y robacables.
Entreveros con gorreos de novela,
perros que ladran en el fondo,
mangueros doctores en labia,
difusos lazos de parentela.
Un ex boxeador que llora y escabia;
olor a sopa, a mugre, a rebeldía.
La repetida cantinela del negocio redondo
que reviente la alcancía.
Misa narco de trasnoche:
seis tiros en tropel perforan la madrugada.
Nadie vio nunca nada.
La lancha destella azul profano en un afiche
de coca cola y en un cartel con cuatro orificios
que dice Granja Los Hermanos.
LA CUNETA
Universo paralelo a la calle, retumban en él los descartes
y descuidos que se escapan del sistema.
Secos cursos a cielo abierto
son limbos errantes en los que maridan
botellas de plástico y de vidrio, celofanes y papeles
que supieron envolver dulzuras,
objetos reinventados en la aventura fluvial de nadar vencidos,
arrastrados o estancados por fin entre los yuyos.
Museo pintoresco para algunos repugnante,
testimonio antropológico en directo,
desfile quieto de incalculables retazos de todo
que desparrama el viento e intenta absurda empujar el agua rancia.
Porción distintiva que reclama este paisaje en el dispar
concierto ciudadano de la ciudad que está más lejos.
En el Centro y en algunos barrios,
el postergado y humilde polen anómalo de las cunetas
no se consigue.
ANA LAURA BUONO, PRIMERA MENCIÓN
El panadero vuela en el patio
mi niña juega imaginando
que su interior guarda un paisaje.
Le gusta la idea de que quede
suspendido entre el cielo y la tierra
embebido de ese sol de verano.
Lo sopla, se dispersa y se mezcla
con el viento de enero
conoce el secreto que se deshace
en el aire.
***
Detrás de las abolladuras de los vidrios
en la larguísima galería
espiábamos
un cielo sembrado de cucharas viejas.
La luz estaba justo
en el centro de su cara
un aire pegajoso
borboteaba en la fuente de loza.
Deseábamos sumergir nuestras manos
y encontrarnos en esa misma agua.
Mientras le sonreíamos al paisaje
quise saber lo que vos mirabas,
enterré el dedo en el membrillo de tus ojos.
***
Me recuesto bajo el sauce
cavo en su silencio
encuentro en mi interior un polvillo claro
que es llevado por un viento caliente
de verano.
***
no se enamora del olvido
pierde el tiempo hamacándose
en el deseo que la sujeta
a la danza de la impaciencia.
Inenarrable
su voz
pende de una rama junto a los pájaros
que intentan enseñarle sobre el cielo.
no sabe aletear
el agua de lluvia
impregna sus alas.
Sonríe
***
Hago coronas de flores
dulces: malvones blancos, nomeolvides, manzanillas
para adornar mi cabello.
Cuelgo atrapasueños de las ramas
impregnados del dulzor de las mandarinas.
Remuevo la tierra húmeda
hundo las manos en ella
y descanso.
Dejo secar al sol
cascaritas de naranjas
quedan
suspendidas de los árboles.
Junto
a atardeceres
y siestas
de verano.
Escucho el sonido de las flores
libo su néctar
como lo hacen los pájaros
que me habitan.
Para después escribir poemas
cubrir los blancos
las superficies descascaradas
de las paredes de mi casa.
***
¿será acaso el desvelo de la siesta,
el susurro casi invisible de los sueños
lo que aún nos deja parpadear?
Su palabra:
dulce estanque que tiembla en el silencio
mientras nos tomamos de las manos
y dormitamos.
La intemperie me habita
mi madre no lo sabe.
Ahora sí
regreso a mi hamaca
y vuelo hacia el follaje brillante de la higuera
quedo suspendida
el cielo me susurra bajito.
MARCELO RIZZI, SEGUNDA MENCIÓN
EXPERIMENTOS CON HECHIZOS
Podríamos decir hoy que ya no quedan testigos,
ni siquiera aquel animal que olía tus ropas con
el agua del hechizo humedecidas. Anche i morti
ci hanno abbandonato, se oye decir desde el otro
lado de la calle, con una voz que parece llegar
de las calderas, y que con un dialecto familiar
agrega: se han vuelto políglotas los hombres a
fuerza de reclamarse lo heredado – cosas que
parecen a medio hundirse en el ojo del remanso,
bienes inciertos que deja la mañana sobre el
prado como una estela funeraria, sobre espejos
amarillos donde todavía se hacen visibles de
vez en cuando todos los rostros del año anterior.
STORIA FICTA
Descolgamos cada mañana del mismo árbol
un fruto distinto: traslúcido, de brillo perenne,
como de gastado metal – así, pensamos, debió
haber sido el resplandor de las horas primeras.
En ciudades costeras, en caminos de provincia,
se comete a diario, como en Edipo, un crimen
imaginario y otro real: su luz fósil a más infalible
y artera, que la oblicua, elusiva y cenital. Como
el guerrero que prepara con esmero su panoplia,
ponés en el morral los libros que no leíste, con ellos
el cuaderno donde escribiste sobre el pájaro que
cruzaba el aire avieso, sobre una luna roja, sobre
las piedras del sendero que quemaban los pies.
LISÉRGICA
Es un origen perpetuo el de esa nada ruidosa
que viene del fondo de tres huesos, una astilla
que se aloja profunda y no se puede extraer.
Borrá todo, me digo. Pasale aguarrás y volvé
a repintar los bordes, las áureas superficies.
No puede ser que diez caballos mueran en un
solo día. La luna es un monstruo apetecible
que aparece desde atrás de una montaña lasciva,
o en el grumo de un esmalte nacarado. El dilema
entre elegir salinas infinitas o volcanes apagados
estará un día saldado yendo por la ruta cambiando
a cada instante de mano, agregando una más
a la ya de por sí infinita doble línea amarilla.
INSOMNIA PERENNE
Salimos, nos invitan a ver a ojo desnudo
tres galaxias lejanas, paisajes que resultan ser
acantilados abruptos, de un rojo profundo, sin
principio ni final. Nos vestimos con nuestras
mejores ropas profanas – en la oscuridad total
nada sabemos, excepto que solo se avanza en
círculos perfectos hacia el lado fósil, malhadado,
de un secreto corazón de bruñido cristal. Ah, ese
fuego helado y abisal de los intersticios, cantamos
a dúo, hecho de fábulas para un teatro de maderas,
de papel. Seré a sus ojos esta noche un desconocido,
a los míos la que se sustraiga al rayo, al huidizo
temporal de los inicios.
VERSIONES SÁNSCRITAS
Estos versos serán algún día traducidos al sánscrito,
lo sé. Donde dice centinelas dirá probablemente
soldados. En donde se menciona un sueño dirán:
fragmento del alma que se desvía de su río original.
En piel de animal que al sol se la deja secar, un mapa
deseado para este arrabal del mundo. Dirán que toda
lengua recrea su propio espejo, donde cada día admira
y niega a la vez su propia convexidad. Lo dirán con una
nube de signos que creeremos un sintagma, en un bello
trazo manuscrito: un caracol que sigue el sendero de su
baba, de brillo estelar e infinito, como frutas ya maduras
en un huerto del Punjab.
JULIA VICARIO, TERCERA MENCIÓN
INNOMBRABLE, ES DECIR…
Diagramar con desinterés
las partidas y jugadas se parece
a la ausencia de las cosas.
Confluir con la nada y unirse
al caudal del vacío
es como saludar a la lejanía,
donde nadie espera,
donde las palabras no hacen
efecto.
A menudo
este silencio en la vida es para evitar
encontrar a otros.
Manifiesto
una ausencia distinta, austera pero amigable
gustosa, una ausencia rica
en el compartir de lo innombrable.
LAS INCONSISTENCIAS
1. Una de las grandes premisas
han sido las calles
demasiadas para ir a pie
para acordarme de las paradas del colectivo.
2. Ayer pasé volando
por unas de esas avenidas
donde los días siempre
parecían empezar.
3. Pasar ahora
esa vorágine de ruido y polvo
ya no me sorprende.
4. Voy desfilando la mirada
susurro despacio canciones
que los demás no escuchan.
5. Ya no es la misma.
6. Visité jardines y olores profundos,
esos que tienen imágenes.
7. Colmar, niña, desperdicio, catedral
palabras que siempre quise usar.
Las escribo ahora sin sentido
sin relato.
8. “Todo llega por algo y a su tiempo”
Esa frase de abuela me la dijo alguien de mi edad.
9. Hoy puedo afirmar
que estoy paseando:
10. Margarita quedate tranquila
vos sos flor
una cosa genérica pero linda,
posá ahí , pero quieta no
porque estás en la calle.
MANTO Y ESPUMA
Una niña que reza en la catedral
es como
un laberinto entre cuatro paredes.
Sus manos se llenan
de agua bendita,
el camino del perdón
dura la eternidad.
Cuando recorre el mar,
la orilla se licúa,
promesas de un día
y salvación de noche.
Su voz,
desperdicio,
territorio que se ha bifurcado
en la alabanza a una virgen
y el tejido de su manto.
Una niña como ella
sabe guardar
los secretos del mundo,
mantiene a la luna
en un cofre ardiente.
FLORECER ES OTRA ESPECIE
Vuela en un mundo de piedras
ángulos
y caídas en picada
se enreda en los llanos
y lastima para sobrevivir.
Después de su muerte,
otras.
Desde algún lugar
donde los capullos son oscuros
trajo el viento
un zumbido
de ruina
y explosión.
No se acordarán de los días
en los que fueron una.
Florecer, esa otra especie
como también las geometrías
y sin embargo:
ángulos llanos y hexágonos.
El final, un recorrido de polvo endurecido
donde son esencia, donde son dulces
donde son muchas.

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