
Notas sobre la toma de Humanidades y Artes en Rosario

Por Bruno Feliciani
a. En las asambleas se toman decisiones mayoritarias que se delegan en minorías. Cualquiera vota a favor de que otros pongan el cuerpo.
b. Son actos performáticos para la foto. Si las organizaciones no disponen de cuadros, literalmente: no los ponen a disposición, ¿con qué tono pueden quejarse de la anemia del estudiantado descomprometido?
c. Carencia de organización, plan y disciplina. Años de clientelismo servil los acostumbró a delegar.
d. También, cansancio. Agotamiento psíquico doble, por la vida política y la académica. Pero las excusas no salvan las luchas.
e. Los vivos, los cómodos y muy ocupados, no parecen comprender que se esfuerzan para recibirse, de espaldas, para un mundo que está dejando de existir, corriendo como ladrones con títulos de renegados.
f. Si la condición se reclama urgente pero las medidas son moderadas, hasta rozar la anemia, ¿qué puede leer el grueso de la sociedad?
g. Los derechos, cuando no son universales, no son derechos: son privilegios. Y, los privilegios, son excluyentes. Un derecho, y su universalidad, se defienden peleando. ¿Qué claridad puede mostrar un educando que no entiende algo tan mínimo? ¿Cómo fallamos en lograr uniones transversales, ya no con obreros y profesionales, sino con otras facultades?
h. Si las organizaciones no se colocan a la vanguardia, no pueden dirigir a nadie. La “despolitización” del alumnado es el correlato de su despolitización. Confunden las consignas con los actos. Vicios de ilustrados, diríamos, si no estuviéramos cruelmente conscientes de su opacidad.
i. Yo soy de Filo, estoy acostumbrado a la pedantería condescendiente de mi claustro. Con la misma boca que amonestan la despolitización de la juventud se mofan de “tener mejores cosas que hacer” que pasar la noche participando de una medida de fuerza contra un gobierno, una política y un programa, que juran detestar, que promete destruirnos, que los desnuda como cobardes.
j. A la marcha van a ir todos. Porque las banderas no pueden llevarse solas. En la facu las dejás colgadas y a otra cosa.
k. Varios claustros atentan contra la conciencia política: lo obvio sería apuntar a artes y a letras; los que saben se ríen cuando llegan los filósofos, caminando un metro por encima del suelo, con sus narices de Cyrano apuntando al cielo raso.
l. Para transgredir hay que tener gusto. Si se trata de reventar la oficina del rector, denunciar con grafitis al intendente o al gobernador, las autoridades representantes serviles al gobierno nacional, o a los funcionarios de este período infamante: vía libre y aplausos. Si se trata de escabullir contrabando, invadir salones y jugar a las escondidas, bueno, qué más se puede decir…
m. ¿Qué es una protesta convenida, aparte de un desfile? Lo que se manifiesta en la manifestación es la amenaza de la violencia. Amenaza que, luego de tres años, suena a puteada murmurada por la espalda, en retirada.
n. Que las delegaciones de seguridad se vean rebalsadas habla de la indisciplina de los aparatos y la distancia entre ellos y los alumnos, y entre cada agrupación. Y del sentido de los actos.
ñ. Teoría de las bocas inútiles: esta no es una guerra de confrontación sino de sitio. No hay respuesta del lado del poder porque esperan dejar morir todo el sistema: de hambre, de sed, de asfixia. (Sus jefes, suelen llamarlo “bloqueo”).
o. La respuesta es efectivamente tímida, anémica: el frente de la facultad, sus dos frentes, prístinos. No tiramos los bancos a la calle. No grafiteamos la denuncia. No atentamos contra la propiedad. Porque tememos ser tildados de bárbaros. Pero, en el mismo movimiento, olvidamos: se llama toma porque la facultad no es nuestra. (Los dueños no se achican de destruir lo suyo).
p. ¿Vale la pena agregar la tristeza de que la gente, las familias, los ciudadanos, no se plieguen a las medidas en favor de los derechos de todos? Ni hablar ex alumnos o egresados. Por no perder una noche de sueño están dispuestos a dejar caer el sistema educativo (junto con el médico, el laboral, el hídrico, etcétera).
q. Muchas camisetas de Oktubre antes del cierre de puertas. Muchas de la Pampillón, luego del cierre. Ninguna del Tupac, que yo haya distinguido. No quiero decir que hubiera más o menos presencia de un lado, sólo que resultaba aparente. (¿Y es necesario explicar la importancia de la presencia, a esta altura del partido?)
r. Mi amigo, Alejandro Horowicz, se hizo presente para hablar con nosotros. Me regaló una charla y un libro: por más gente como él.
s. En un momento en el cual la Auditoria General de la Nación dice que se timbearon 14 toneladas de oro de las reservas, ¿se puede sentir frío de arruinar un frente, romper una ventana, quemar una goma? A Cristo, del lado con el que va a recibir a los injustos, le salía agua, y no sangre, por la herida…
t. Siento un amor expansivo por todos los que llenan este espacio, en la soledad de la noche, manteniendo el espíritu despierto y el humor afilado y recordándome por qué las vanguardias se adentran en la niebla.
u. No quisiera olvidarme de denunciar a Bartolacci por atentar contra la libertad, como perro faldero, respondiendo a un Tweet (!) del presidente de la Cátedra Libre Fanon-Said. La censura y el silencio son las armas de los genocidas y el disimulo de sus aliados. No tenemos un rector, tenemos un alcahuete: que renuncie.
v. Queda en el aire, al amanecer, el sabor agridulce de haber hecho lo correcto, aún si no podemos definir de qué lado sale el sol que nos ilumina.

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