Sobre los Apuntes

Contratapa de Apuntes de clases, un libro de Natalia Perez

Por Alberto Giordano

De las escrituras autobiográficas esperamos que registren o narren con verosimilitud vivencias significativas, y también, sobre todo, que transmitan sensación de vida: la impresión de que hay algo en curso entre las palabras, que recomienza y se interrumpe circunstancialmente, sujeto a las pulsaciones de lo indeterminado. En mis paseos por Facebook, esa sensación de vitalidad la recibo, puntualmente, de los Apuntes de clases que postea Natalia Perez. Cada fragmento encadena notas y reflexiones sobre procesos de aprendizaje o experiencias artísticas en los campos de la danza y la expresión corporal. Recibo cada apunte como una misiva fascinante que me llega desde un mundo extraño y misterioso. Tal vez porque no tiene pretensiones literarias, la escritura de Perez conquista lo que siempre persigue la literatura: configurar lo circunstancial sin inmovilizarlo, descubrir matices y observar su rareza. Los Apuntes de clases pertenecen a la misma familia anómala que algunos papeles dispersos de Felisberto Hernández, como ese en el que el uruguayo trata de realizar un deseo insensato, narrar el movimiento de una idea y dejarla vivir en la escritura, para que “no se pare, se termine, se asfixie, se muera, se haga pensamiento conceptual” (“Tal vez un movimiento”).

En uno de estos Apuntes, Perez recuerda un aprendizaje que hizo “lejos de casa”, la rareza de haber visto las cosas familiares desde afuera y el sacudón al regresar. “Siento que mis recuerdos se mezclan, combino cosas que me pasaron en diferentes momentos, invento, olvido, aparecen nuevas versiones de lo vivido”. La retórica del apunte sutil –la ligereza del tono, la fragilidad del engarce– le imprimen ritmo y lucidez al movimiento de la rememoración. “Mi pasado se mueve”, concluye la escritora-amateur, como si acabara de descubrir que el pasado, además de proteico, es impredecible. En el cruce de tres experiencias que mezclan lo familiar con lo extraño: el viaje, la notación y el recuerdo, el trazo leve de estos Apuntes muestra, con irresistible encanto, que la vida pasa por la escritura cada vez por única vez.

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