Nanni Balestrini: Feltrinelli y los años de plomo

Nanni Balestrini

“El editor” es una novela del italiano Nanni Balestrini escrita a partir del asesinato de su amigo Giangiacomo Feltrinelli, heredero millonario, exitoso editor, intelectual comunista y fundador del movimiento armado Grupo de Acción Partisana.

Por Lorenzo Germano, desde Bolonia / Traducción al castellano de Ciro Korol

No es un misterio: Italia siempre ha tenido dificultades para hacerle frente a su propia historia. Después de la Segunda Guerra Mundial se han sucedido series de tentativas insolventes que no llevaron a una identidad colectiva ni a una verdadera pacificación social. “Los años de plomo”, como se denomina a aquel período cargado de atentados y tensiones sociales (que se inició con el ataque a la Piazza Fontana en 1969) ha sido, seguramente, una de las heridas más importantes de la sociedad italiana. El terrorismo, sea de derecha o de izquierda, provocó auténticos traumas para las generaciones que han vivido aquellos años y que no han hallado solución a nivel jurídico (ya que muchos de los atentados han quedado sin culpables) ni, al parecer, a través del debate político y cultural.

Entre las voces que han intentado relatar este delicado período emerge sin duda la de Nanni Balestrini (1935-2019). Infatigable experimentador del lenguaje es, tal vez, “el escritor más vago que haya existido jamás, ya que se puede decir (exagerando un poco) que no ha escrito una sola palabra suya y solamente ha recreado trozos de textos ajenos”.1 La cifra estilística de Balestrini es de hecho muy particular: en sus escritos mezcla partes de textos diversos para dar vida a una nueva materia poética (o prosaica); de sus fuentes extrapola aquellas estrofas (él las llama lasse2) que están estructuradas de modo tal que crean una nueva materia textual de sentido completo. El punto más extremo que ha alcanzado puede que sea la poesía electrónica de Tape Mark 1 e 2 del 1962, cuando, proveyendo a una calculadora electrónica IBM de textos de varios géneros creó poesías casuales y aleatorias, en las cuales el rol del lector era fundamental para encontrar un sentido.

Sin embargo en la novela L’editore, publicada en 1989, alguna palabra ha debido escribir. La muerte de su amigo Giangiacomo Feltrinelli, con quien publicó algunos de sus primeros libros, como la obra maestra Vogliamo Tutto, de 1971, sobre las luchas obreras, obligó definitivamente al escritor milanés a esforzarse. Como prueba de la larga reflexión sobre la muerte de el editor están los 17 años de distancia entre aquel hecho tan emblemático y la publicación del libro L’editore. Un tiempo muy extenso para un autor habituado a escribir con prisa. Si bien el texto es, como siempre, un mix de artículos de periódicos, reportajes, actas judiciales y carteles clínicos, aquí contamos con una trama, aunque sea muy simple –un grupo de intelectuales trata de escribir un guión cinematográfico sobre la muerte del editor Giangiacomo Feltrinelli– y, a su vez, con algunas reflexiones bastante más desarrolladas y articuladas que en las otras obras no se encuentran y que parecen haber sido escritas de puño y letra por Balestrini.

Hora 14,30 el cadáver yace sobre la tabla de mayólica blanca atravesado de ranuras a lo largo de las cuales corre la sangre el cuerpo está desnudo la piel está singularmente pálida color blanco marfil sobre fondo grisáceo es esta la primera indicación exterior de que la muerte ha sobrevenido por desangramiento el profesor hace una seña al técnico del sector el hombre que realiza materialmente los cortes hunde el bisturí con una moto circular alrededor de la nuca rapando el cuero cabelludo es cortado y queda dado vuelta este es el primer acto de disección verdadera y en el silencio chirria la sierra circular que incide por entero en la tapa del cráneo cortando la coronillla el cerebro queda al descubierto3

Giangiacomo Feltrinelli con Fidel Castro

La primer lasse muestra el cadáver de Feltrinelli diseccionado. Con crudo realismo Balestrini se propone la descripción de la autopsia del editor que de algún modo es una sinécdoque de toda la novela. El autor no sólo quiere mostrar aquel cuerpo descompuesto y desgarrado en busca de las causas del deceso, sino, sobre todo, su propio trabajo de escritor que pretende excavar en lo profundo de la psicología de aquel hombre para hallar una verdad, aunque sea contradictoria y llena de claroscuros. Feltrinelli fue hallado muerto en circunstancias misteriosas el 14 de marzo de 1972, atribuidas con posterioridad a un presunto atentado en la torre del Enel. A pesar de que era hijo de una de las familias más ricas de Italia, fue uno de los primeros fundadores de un grupo de resistencia armada, El Grupo de Acción Partisana, y con su casa editorial (Giangiacomo Feltrinelli Editore) contribuyó a alimentar la cultura de la izquierda revolucionaria y no alineada, publicando también los famosos diarios del Che Guevara, de quien fue amigo.

El Che Guevara no contento con la mansiones ni los barcos de lujo ni los automóviles que andan a trescientos kilómetros por hora ni con las pieles y las joyas que podía regalar ha elegido el hobby de la dinamita y del populismo venía cargando muchos complejos de inferioridad y demasiadas ebulliciones momentáneos para no volverse un instrumento en las manos de cualquiera que sea más hábil que él un boyscout que quería ser considerado peligroso pero que no lo había conseguido nunca que quería ser considerado un extremista pero era observado con suspicacia por los extremistas verdaderos al fin y al cabo el editor ha intentado convertirse en actor principal sin comprender que contaba con los medios apenas para papeles secundarios

El mérito de Balestrini es justamente el de saber captar los matices diversos de un personaje que juega de revolucionario, a pesar de su adinerada proveniencia, y que arrastra consigo una ideología ya consumada y anacrónica, la partisana, al punto de no lograr un diálogo con la otras fuerzas rojas de la lucha armada que se estaban creando, y termina por morir aislado. Es la historia de un hombre que va al encuentro con un destino fatal y de autodestrucción, justamente como el protagonista de Bajo el volcán de Malcolm Lowry, uno de los tantos descubrimientos editoriales de Feltrinelli. A menudo Balestrini compara a Geoffrey con el protagonista mediante la inclusión de algunas lasses extraídas de la novela inglesa.

pero aquí no había nada ni picos ni vida ni ascensos ni esta cumbre era exactamente una cumbre no tenía sustancia no tenía cimientos sólidos también se derrumbó sea lo que sea se derrumbó cuando se hundió se hundió en el volcán que debió haber escalado después de todo aunque ahora tenía en él oídos ese ruido de lava desbordando horriblemente estaba en erupción pero no no era el volcán era el mundo mismo el que estaba explotando explotando en terrones negros

En ese dibujar los contrastes de la figura de Feltrinelli diseccionándola, como en la larga escena de la autopsia, está justamente la grandeza de Balestrini, que trata de restituir un período difícil, hecho de tantas corrientes, tantos acontecimientos y tantos personajes, que todavía hoy no ha sido comprendido en profundidad y asimilado en la consciencia y en la memoria colectiva italiana. Y lo hace homenajeando a un amigo, que no es ni santificado ni victimizado, sino explorado de manera profunda. Recordando a cada paso obras y autores que el propio Feltrinelli publicó e hizo conocer al público italiano, y en algunos casos al mundo entero.

¿Un industrial, un intelectual o un revolucionario fallido? El libro no da una respuesta pero invita a prestar atención a todos estos aspectos para hacerse una idea propia de una gran figura que hoy está viva en el imaginario colectivo italiano.

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1Umberto Eco, da Stele per Baletrini, Paesaggi verbali, Emilio Mazzoli editore, Modena 2002.

2NdT: Narrative lasse es un concepto que crea Nanni balestrini y para el cual la traducción podría ser “laxas”

3Nanni Balestrini, in L’editore, DeriveApprodi, Roma 2006, p.13

TEXTO ORIGINAL

L’editore di Balestrini

Non è un mistero che l’Italia abbia sempre avuto difficoltà a fare i conti con la propria storia. Dopo la Seconda Guerra Mondiale si sono susseguiti una serie di tentativi fallimentari che non hanno portato ad un’identità collettiva né ad una vera pacificazione sociale. Gli anni di piombo, quel periodo carico di attentati e tensioni sociali che iniziò con la strage di Piazza Fontana nel 1969, è stato sicuramente una delle ferite più grosse della società italiana. Il terrorismo sia di destra che di sinistra ha provocato veri e propri traumi per le generazioni vissute in quegli anni che non hanno trovato soluzione né a livello giuridico, perché molte delle stragi sono rimaste senza colpevoli, né apparentemente attraverso il dibattito politico e culturale.


Tra le voci che hanno tentato di raccontare questo delicato periodo emerge sicuramente quella di Nanni Balestrini (1935-2019). Instancabile sperimentatore del linguaggio, è forse «lo scrittore più pigro mai esistito, perché si potrebbe dire (esagerando un poco)che di suo non abbia mai scritto una sola parola e ha soltanto ricomposto brandelli di testi altrui». La cifra stilistica di Balestrini è infatti molto particolare: nei suoi scritti mixa parti di testi diversi per dare vita a nuova materia poetica (o prosastica); dalle sue fonti estrapola delle strofe, che lui definisce lasse, che vengono montate in modo da creare una nuova materia testuale di senso compiuto. Il punto più estremo toccato è forse la poesia elettronica di Tape Mark 1 e 2 del 1962, quando, dando ad un calcolatore elettronico IBM testi di vario genere creò poesie casuali e randomiche, in cui il ruolo del lettore era fondamentale per trovare un senso.

Nel romanzo L’editore, uscito nel 1989, qualche parola l’ha però dovuta scrivere. La scomparsa dell’amico Giangiacomo Feltrinelli, con cui pubblicò alcune delle sue prime opere, come il capolavoro Vogliamo Tutto del 1971 sulle lotte operaie, obbligò sicuramente lo scrittore milanese ad impegnarsi. A prova della lunga riflessione sulla morte dell’editore ci sono infatti ben 17 anni di distanza da quel fatto così emblematico. Un tempo molto lungo per un autore abituato a scrivere molto e in fretta. Ma non solo. Sebbene il testo sia, come sempre, un mix di articoli di giornale, reportage, atti giudiziari e cartelle cliniche, qui abbiamo una trama, anche se molto semplice – un gruppo di intellettuali cerca di scrivere una sceneggiatura di un film sulla morte dell’editore Giangiacomo Feltrinelli – e alcune riflessioni piuttosto lunghe e articolate che nelle altre opere non si trovano e che sembrano essere scritte di proprio pugno da Balestrini.


Ore 14,30 il cadavere giace sul tavolato di maiolica bianca attraversato da scanalature lungo le quali può scorrere il sangue il corpo è nudo la pelle è singolarmente pallida color bianco avorio su sfondo grigiastro è questa la prima indicazione esteriore che la morte sia sopravvenuta per dissanguamento il professore fa un cenno il tecnico di settore l’uomo cioè che esegue materialmente i tagli affonda il bisturi con moto circolare tutt’intorno alla nuca il cuoio capelluto viene scalpato e rovesciato sul volto è il primo atto del sezionamento vero e proprio nel silenzio stride la sega circolare che incide per intero la calotta cranica se ne toglie la sommità il cervello è allo scoperto

La prima lassa mostra il cadavere di Feltrinelli vivisezionato. Con crudo realismo Balestrini ci propone la descrizione dell’autopsia dell’editore (forse tratta dall’autentico verbale), che in qualche modo è esemplificativa di tutto il romanzo. L’autore non ci vuole solo mostrare quel corpo dilaniato e scomposto in cerca delle cause del decesso ma il suo stesso lavoro di scrittore che vuole scavare nel profondo della psicologia di quell’uomo per trovare una verità, seppur contradditoria e piena di chiaroscuri. Feltrinelli fu trovato morto in circostanze misteriose il 14 marzo 1972 in seguito ad un presunto attentato dinamitardo ad un traliccio dell’Enel. Nonostante fosse figlio di una delle famiglie più ricche d’Italia, fu uno dei primi fondatori di un gruppo di lotta armata in Italia, i Gruppi d’Azione Partigiana, e con la sua omonima casa editrice contribuì ad alimentare la cultura della sinistra rivoluzionaria e non allineata, pubblicando anche i famosi diari di Che Guevara, di cui fu amico.


il Che Guevara non contento delle ville delle barche di lusso delle automobili che vanno a trecento all’ora delle pellicce e dei gioielli che poteva regalare aveva scelto l’hobby della dinamite e del populismo si portava dietro troppi complessi d’inferiorità e troppi bollori momentanei per non diventare uno strumento nelle mani di qualcuno più abile di lui un boyscout che voleva essere considerato pericoloso ma che non c’era mai riuscito che voleva essere considerato un estremista ma era guardato con sospetto dagli estremisti veri fino in fondo l’editore ha tentato di diventare un primo attore senza capire che aveva i mezzi soltanto per particine

Il merito di Balestrini è proprio quello di saper cogliere le diverse sfumature di un personaggio che gioca a fare il rivoluzionario, nonostante la provenienza agiata, e che porta con sé un’ideologia ormai consumata e anacronistica, quella partigiana, tanto da non riuscire a dialogare con le altre forze rosse della lotta armata che si stavano creando, finendo per morire solo ed isolato. È la storia di un uomo che va incontro ad un destino fatale e di autodistruzione proprio come il protagonista di Sotto il vulcano di Malcolm Lowry, uno delle tante scoperte editoriali di Feltrinelli. Proprio al protagonista Geoffrey viene spesso paragonato attraverso l’inserimento di alcune lasse tratte proprio dal romanzo inglese.


ma non c’era nulla qui niente picchi niente vita niente ascensioni né questa sommità era esattamente una sommità non aveva sostanza non solide basi essa pure crollava qualunque cosa fosse si sbriciolava mentre egli precipitava precipitava nel vulcano che doveva avere scalato dopo tutto sebbene ora avesse nelle orecchie quel rumore di lava che trabocca orribilmente era in eruzione ma no non era il vulcano era il mondo stesso che stava esplodendo che esplodeva in neri grumi

Nel dipingere i contrasti della figura di Feltrinelli dissezionandola, come nella lunga scena della sua autopsia, sta proprio la grandezza di Balestrini, che cerca di restituire un periodo difficile, fatto di tante correnti, tante vicende e tanti personaggi, che ancora oggi forse non è stata capita appieno e assimilata nella coscienza e nella memoria collettiva italiana. E lo fa omaggiando un amico, che però non viene né santificato né vittimizzato, ma esplorato in modo profondo. Ricordando spesso opere ed autori che lo stesso Feltrinelli pubblicò e fece conoscere al pubblico italiano, e in alcuni casi al mondo intero. Un industriale, un intellettuale o un rivoluzionario fallito? Il libro non dà una risposta ma invita a guardare a tutti questi aspetti per farsi un’idea di propria di una grande figura che ancora oggi è viva nell’immaginario collettivo italiano.

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