¿Qué te puedo decir?

(Una nota de opinión)

Por Claudio Metticelli

Los editores de la Revista Belbo me pidieron que escribiera “algo” sobre el casamiento de Luis Novaresio y Braulio Bauab porque saben que trabajé con la celebridad rosarina radicada en Baires en una radio local hace una pila de años. Les dije que no sabía qué podía aportar al tema, que haber conocido al Novaresio de los 90 no me habilitaba en absoluto para decir la mínima cosa. Pero íntimamente sé que hay algo en común entre el recién casado y quien esto escribe: ambos nacimos el mismo día de abril, aunque con una diferencia de 32 años; ambos tenemos similar mirada y trato respecto de las mujeres (él desde su declarada homosexualidad masculina, yo desde mi declarada misoginia); los dos iniciamos nuestro derrotero por el mundo de “la prensa” en la ciudad de Rosario, una ciudad a la que él regresa convertido en Rey y por la que yo camino vistiendo los harapos emocionales de un jubilado de La Capital.

Resumo: trabajamos juntos (él como jefe) unos 4 años, ambos somos de Aries y no nos calientan las mujeres; en lo demás las diferencias son abismales y a veces, mirándome en el espejo, pienso que somos el mismo, sólo que dado vuelta. Pero basta de mí, y vamos a él, es decir a todo lo que yo también soy, porque negar, bien lo decía Jung, es afirmar con otros colores.

La verdad, desde el 2002 le perdí el rastro a Novaresio, pero él no soltó el cable de su ambición: ser el comunicador con más presencia en medios audiovisuales de Argentina. Aún así, lo fui escuchando hablar en la radio al pasar todos los días por la granjita de mi barrio, y lo vi en las pantallas de los televisores del bar de la esquina, o a través de las ventanas sin cortinas de casas y departamentos,  y en el chismorrerío urbano de Youtube y redes ad hoc. Mal o bien, siempre se habló y se habla de Novaresio, de lo que le dijo a Tal, de lo que Tal le dijo, de lo que contestó y le contestaron. Hasta que de repente, pasados los 50 años, tuvo el valor de “salir del closet”, se multiplicó el cotilleo y tras pandemia ¡zas!, romance público y casamiento con fiesta judía por Zoom.

Entonces, ante el pedido del editor, empecé a revisar lo que dijeron los medios, concentrándome en la prensa gráfica, y lo primero que me llamó la atención fue que no había ni una sola nota firmada, repitiéndose las fórmulas textuales de Clarín, La Nación e Infobae, por caso, en los diarios rosarinos. Por ejemplo, en la sección de Espectáculos de El Ciudadano se habla de “Virginia, la mujer con la que Bauab comparte la paternidad de su hija Vera”, en la sección Ocio del digital Rosario 3 se menciona a “Virginia, la mamá de Vera, la hija del empresario inmobiliario”, y en Información General de La Capital se cuenta al borde del cariño: “Los novios estuvieron acompañados por unos pocos amigos y por Virginia, la madre de la hija de Braulio. La niña de 3 años llegó a upa de su papá y abrazaba constantemente también a Luis”. Y en el Rosario/12, suplemento local del porteño Página/12, no se dijo ni una palabra sobre el asunto.

Foto del casamiento. Diario Clarín.

Todos los medios replicaron el breve video que los prometidos hicieron a modo de “invitación” a la boda y las fotos de los arroces, el gran beso y las manifestaciones de felicidad de la nueva familia de cuatro: Vera, de tres años, sus dos papás (uno de ellos muy famoso) y su mamá. Del mismo modo todos los medios repitieron las cuidadas, casi guionadas, declaraciones de los presentes.

En fin, no tengo nada que agregar respecto del evento, porque no soy editorialista y nunca lo seré, ya gané la pelea contra la tentación y el vicio de levantar “el dedo admonitorio” al escribir sobre cualquier tema.

También descarto una recopilación de anécdotas personales que mis amigos a veces me piden: “Dale Metti, contá la de Novaresio y Pipo Pescador”, o “Por favor, contá la de Novaresio y Claudio María Domínguez”, entre muchas otras, porque no vienen al caso, dejando asimismo para plumas más sagaces, pensadores, ensayistas, el análisis del periodismo que pedimos y tenemos (del que Novaresio es muestra ejemplar), de nuestra propia manera de hacer periodismo, y de cuánto dejamos que otro piense y ponga en palabras por nosotros porque tenemos pereza.      

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