Jean-Luc Mélenchon: «La lucha continúa»

Jean-Luc Mélenchon, amigo de Rafael Correa y Lula Da Silva, con la Unión Popular devolvió a escena a la izquierda. Reuters

El líder de la Francia Insumisa, tercero en la primera vuelta de las elecciones presidenciales, llamó a los suyos a no votar por Marine Le Pen en el balotage con Emmanuel Macron el próximo domingo.

Nota y traducción: Susana Sherar

La primera vuelta de las últimas elecciones en Francia confirmaron, con el 22 por ciento de los votos, a Jean-Luc Mélenchon como el tercer hombre de la política francesa, dejando muy atrás un abanico de candidatos de todo un espectro político deshilvanado, y pisándole los talones a la extrema derecha de Marine Le Pen, que entra por segunda vez en un balotage con el neoliberalismo representado por Emmanuel Macron. Esto se definirá el 24 de abril, sobre fondo de guerra en Europa.

Mélenchon, nacido en Marruecos en 1951, de padres franceses, diplomado en filosofia y letras, es disonante con una clase política constituida por abogados y administradores salidos de Sciences Po y de la ENA*. Profesor «de métier», sus discursos largos y poéticos revelan un apego gozoso a la lengua y una cultura histórico-literaria remarcable, rara en política. Sus numerosos viajes a América Latina y su amistad con Rafael Correa y con Lula da Silva dan cuenta de su búsqueda de una alternativa al capitalismo. Dijo una vez que el porvenir venía de América Latina.

Troskista en su juventud, mitterandiano que no admite su decepción, siguió un camino aparte del Partido Comunista Francés y del Partido Socialista, con el que rompe en 2008 a causa de su alineamiento sociodemocrático, y funda sucesivos movimientos (Front de Gauche, La France Insoumise) hasta llegar a esta Unión Popular, cuyo nombre no deja de evocar el Front Populaire que llevó a la presidencia a León Blum, en la preguerra.

Mélenchon, con La Francia Insumisa (LFI), proponen cambiar la Constitución francesa, fundar una Asamblea Constituyente para una Sexta República, fuera de toda monarquía disfrazada,  para tratar los temas fundamentales de una ecología social. Y todo esto rodeado de un equipo de gente joven  e inventiva, que hacen soplar vientos nuevos en una sociedad terriblemente envejecida (y deprimida).

*Sciences Po es la abreviatura corriente del Instituto de estudios políticos de París. La ENA significa: Ecole Nationale de l’Administration, recientemente cerrada, de donde surgieron durante décadas los dirigentes y gobernantes franceses.

Discurso de Jean-Luc Mélenchon después de la primera vuelta de las elecciones presidenciales francesas:

Una nueva página del combate se abre. Ustedes lo abordarán, nosotros lo abordaremos con el orgullo de la tarea cumplida. Esta fuerza inmensa que construimos con nuestras manos, tantas veces bajo el desprecio y los insultos, está ahí. Y para cada etapa está ahí, si ustedes deciden preservarla y protegerla  como lo hicieron hasta ahora, a pesar de todo.

Esta mañana estaba hermoso en Marsella. Sobre el mar huidizo, los rayos de sol saltaban de una ola a otra. Esta mañana, cuando me preparaba a entrar en este evento del cual no sabía nada, me llegaron los ecos de Oyapock, frontera francesa con el Brasil. Y luego los de Maroni. Y luego los de Martinica. Y luego de la Guadalupe. Y luego los de la Reunión. Los que, desde la primera vuelta, me elegían como su presidente. Y vi en sus decisiones lo que significaban plenamente, enteramente:

El estado en el que se encuentran la patria y su pueblo, en todo los puntos de su territorio; un estado de exasperación, el sentimiento de haber entrado en un estado de urgencia ecológica, social y, ahora  –lo vemos esta noche– un estado de urgencia política.

El cuadro es el que ustedes tienen ante los ojos, tal como fue buscado, no por nosotros, ni siquiera por el pueblo francés, sino por las instituciones de la Quinta República, este extraño sistema de lotería que llega a pedirles elegir entre dos males que sienten como terribles para ustedes mismos y que no son de la misma naturaleza. Y cada uno de ustedes se encuentra frente a la encrucijada, con toda consciencia de la decisión que debe tomar. Es la condición humana el estar confrontado a decisiones que son a menudo difíciles.

 Y bien… la última vez, ¿qué paso? Yo les dije lo que les voy a volver a decir: ¡No! Conozco sus cóleras, compatriotas. Conozco vuestra cólera. No se abandonen  a que ella les haga cometer errores que serían irreparables. Tal como la vida, ¡el combate continúa!

Y es mi deber decirles, porque soy el más viejo entre ustedes, que la única tarea que tenemos que darnos es la de cumplir el mito de Sísifo: la piedra vuelve a caer al precipicio; entonces, la volvemos a subir.

Ustedes no son débiles ni son instrumentos. Ustedes están en estado de llevar adelante esta batalla, y la siguiente, y la siguiente, y tantas como haya. Mírenme: nunca largué, nunca cedí, jamás bajé los ojos… y de esa manera construimos esta fuerza.

Entonces, ahora, les toca hacer a ustedes. Para la batalla que llega, constituimos el Polo Popular. Porque estaba ahí: toda clase de gente que ha podido apoyarse allí para votar y llevarnos hasta ese punto.

Las batallas vienen llegando. No cometamos el error de perdernos apenas entrados en el camino. Sabemos por quién no votaremos jamás. Y por lo demás, hagan como les dije hace cinco años. ¿Se acuerdan que hubo algunos estragos después de nuestra declaración? ¿Por quiénes tomaban a los  franceses? ¿Creían que son incapaces de decidir lo que tienen que hacer? Son muy capaces de decidir lo que es bueno para el país. Jamás perderemos nuestra confianza en la democracia. Entonces, no tienen que darle el voto a la señora Le Pen.

Ahora: yo sé bien y me repito, porque cuando digo las cosas sucede como si no las hubiera dicho. Recomienzo en este punto de la película: ¡no hay que darle una sola voz a la señora Le Pen! No hay que darle un solo voto a la señora Le Pen. Espero que esta vez el mensaje haya sido entendido.

Y bien, ahora, ¿qué vamos a hacer? Vamos a abrir la página y las 310.000 personas que me   apadrinaron darán su punto de vista.

Una vez dicho esto, no nos ocultemos en nuestra decepción.

La violencia de esta decepción es, antes que nada, pensar en todo lo que hubiera sido emprendido y no lo será. Y esto es lo que me calienta más que cualquier cosa: lo que yo me preparaba a hacer, lo que creía inmediatamente al alcance de la mano, los mejores equipos de los que disponemos y que estaban listos para desplegarse, para asumir todas las tareas que había que asumir.

Sí, es una decepción.

Pero, al mismo tiempo, ¿cómo esconder también el orgullo del trabajo realizado? Estoy como ustedes, entre los dos sentimientos. El Polo Popular existe. Si nosotros no estuviéramos allí, ¿qué quedaría? ¿Qué tendríamos? Nada. Y nosotros construimos esta fuerza. Me dirijo a ustedes, reunidos en esta sala, no para sostener los propósitos lenificantes de reconfort o de buena cara que habría que tener. No tengo ni buena cara ni ganas de ser reconfortado, no conozco más que mi deber, y los llamo a hacer lo mismo.

La lucha continúa. La lucha continúa.

Decimos a todos los que, hasta ahora, no quisieron escuchar: aquí está la fuerza. Tenemos una estrategia: el Polo Popular. Tenemos un programa. Tenemos delante nuestro otras elecciones. Sostendremos en cada etapa nuestras filas. Reflexionen. Seguro que los más jóvenes van a decirme: «¿Y?, ¿todavía no llegamos?»

Ya no estamos lejos.

Hagan lo mejor.

Gracias.

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