Exhumaciones teatrales múltiples

La moribunda, obra de Alejandro Urdapilleta convertida en clásico, revive en un versión rosarina de Aquiles Pelanda y Leandro Doti que se mantiene fiel a sus orígenes.

Por Andrés Maguna

Un punto de partida: función del 18 de septiembre de La moribunda en el Galpón 15 como cierre  de la segunda edición del Festival de Artes Escénicas de Rosario (Santa Fe, Argentina, 2022).

Se exhibe la obra de Alejandro Urdapilleta, un clásico argentino estrenado en 1997 en Buenos Aires, reversionada por dos actores rosarinos, Aquiles Pelanda y Leandro Doti (surgidos del taller Losdemedina, de Oscar Medina), y estrenada a fines del año pasado en la sala Cultural de Abajo, para luego, ya este año, recorrer diversos espacios cosechando risas con la exhumación de la célebre “comedia trágica”.

Pelanda y Doti exhuman La moribunda al reversionarla incorporando en su texto pasajes de El diario de Karen, que el uruguayo Urdapilleta (Montevideo 1954-Buenos Aires 2013) fue escribiendo en tanto se sucedían las presentaciones de la obra, en la que actuaba con Humberto Tortonese (Buenos Aires, 1964). En la ficción Urdapilleta era Karen y Tortonese era Kara, dos hermanas que velaban la agonía de una tercera hermana, Kiry, la moribunda, basada en el performer, actor y clown Batato Barea, fallecido a los treinta años en 1991.

La muy exitosa versión de Urdapilleta y Tortonese llegó a Rosario el penúltimo año del siglo pasado, desbordando las 500 butacas de la sala Príncipe de Asturias del Centro Cultural Parque de España, cuando Pelanda y Doti eran niños, por lo que resulta improbable que hayan asistido y conservado imágenes mnémicas de aquella función. Sin embargo, la esencia de La moribunda que montaron permanece incólume: el humor negro instila las acciones y los diálogos de Karen y Kara, y aunque no aparece en escena Kiry tiene un protagonismo trascendente.

Con la pieza teatral Urdapilleta y Tortonese exhumaron a Batato y el underground porteño de los años 80, el de Cemento y el Centro Parakultural, es decir un universo único e irrepetible que en su mejor momento encarnó en la Gran Urbe los ideales contestatarios, contraculturales y alternativos esgrimidos desde el arte.

Tortonese, Barea y Urdapilleta en los tiempos del under porteño de comienzos de los 80.

El inclasificable Batato Barea, que había integrado un trío artístico con Tortonese y Urdapilleta, en sus intensísimos trece años de carrera había exhumado a unos cuantos escritores rioplatenses para nutrir su narrativa, en especial a la uruguaya Marosa di Giorgio (Salto, 16 de junio de 1932-Montevideo, 17 de agosto de 2004), con la que tuvo un encuentro, en su última aparición pública, en 1991, poco antes de morir.

Al parecer, lo que atraía a Barea hacia la literatura de di Giorgio era que ésta enriquecía su poesía con componentes del campo de la pintura, por lo que su obra fue analizada y estudiada más por pintores y críticos de arte que por intelectuales de las letras, siendo habituales las alusiones, comparaciones y referencias volcadas a El Bosco y Arcimboldo (se decía que di Giorgio los exhumaba).

Esa voz de Marosa de Giorgio que se filtró en la voz de Batato Barea, y de allí a las voces de Urdapilleta y Tortonese, para llegar a las de Pelanda y Doti, sigue manteniendo el tono de provocación amistosa, de singular sintaxis (que incluye neologismos libres y palabras inventadas), que puede incomodar a las mentes cerradas y hacer reír hasta la carcajada a los open mind.

La fidelidad al espíritu de esas voces precedentes que desembocaron en La moribunda, incluida la presencia feérica del under porteño, por parte de Doti y Pelanda hacen de la versión rosarina un documento más que válido para transitar esos tópicos creativos inconformistas que fueron las primeras respuestas, las primeras elaboraciones, en el ocaso de las dictaduras rioplatenses, de lo que había ocurrido durante los años más oscuros de nuestras historias.

Respecto de consideraciones concretas sobre la representación a la que asistí el 18 de septiembre (el editor no me dejará concluir este texto sin mencionarlas), puedo decir que Doti en su Karen y Pelanda en su Kara van de menor a mayor en tanto avanza la acción, desarrollando las cuatro estaciones del año en que está dividida la obra con ritmo sostenido hasta el otoño, con la muerte de Kiry marcando el cierre, que encuentra en una canción de Karen-Doti el momento sublime, la ternura máxima de la tragedia.

Entre exhumaciones y abrevaderos artísticos netamente teatrales, los dos actores-directores hacen gala de un gran manejo del cuerpo y de las voces, funcionando bien como pareja y trío de hermanas, y aunque el tratamiento de los elementos convencionales (luces, vestuario, escenografía y demás) no destaca por su originalidad, puede decirse que no dificulta la transmisión de las ondas energéticas delirantes con las que armaron un universo propio, contrastante y autocrítico, Barea, Urdapilleta, el under porteño de los 80, Tortonese y, por qué no, Marosa di Giorgio.

Exhumada en una ciudad sin under, La moribunda sigue viva, y el crédito es para Pelanda y Doti, que supieron mantener vigentes sus postulados de irreverente humorismo y drama existencial.

FICHA

Autor: Alejandro Urdapilleta. Actuación y dirección: Leandro Doti y Aquiles Pelanda. Asistencia general y operación de sonido: Mariu Peirano. Diseño de iluminación y operación: Agustín Rosso. Diseño de escenografía: La producción. Asesoría de vestuario: Agustina López. Diseño de maquillaje: Maximiliano Venturini. Voz en off: Lucía Dominissini. Composición musical, grabación y mezcla: “Eh bo”. Asistencia técnica vocal: Guadalupe Tinelli. Producción ejecutiva: Aquiles Pelanda y Leandro Doti. Última función programada: domingo 16 de octubre en La Morada, San Martín 771.

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