Lectores en filosofía (2)

Un posible lector.

Segunda entrega del ensayo escrito con la intención de seguir las peripecias vitales e intelectuales de un hipotético lector de textos de filosofía como forma de profundizar en cómo se reelaboran o resignifican los textos para alcanzar la trama de una verdadera creación, una recreación del propio texto que dé la razón a la tradicional aseveración de que el filosofar está abierto a cualquieraLeer aquí la introducción.

POR JULIO CANO

La tarea de la filosofía consiste en diagnosticar lo que acontece, la actualidad. Con estas palabras Foucault introduce en la tarea filosófica los análisis de los sucesos contemporáneos.

Al final de su vida, Foucault estaba dedicado a estudiar en la sociedad contemporánea el gobierno de sí y el gobierno de los otros. Es el tema de la gubernamentalidad, que significa, mas allá de los términos, preguntarse por cómo actuamos.

Para  comprender esto debemos estudiar antes lo que significan los hechos históricos interpretados como acontecimientos. Entonces, digamos lo del principio con otra enunciación:

La tarea de la filosofía consiste en reflexionar sobre los acontecimientos.

Un acontecimiento no es lo mismo que un hecho histórico. Es un hecho que está cargado de significación para el que lo estudia. Si no es ese el caso, entonces no es un acontecimiento, sino un simple acontecer al que no vale la pena dedicarse.

Según esto, un acontecimiento no depende estrictamente de sus orígenes ni de sus proyecciones de futuro, no puede ser comprendido cabalmente por sus fuentes ni por sus consecuencias. Tampoco surge montado sobre una flecha que proviene del pasado y avanza hacia el futuro.

Un acontecimiento vale por sí mismo y debe ser interpretado en sí mismo.

Y esto es enfatizado así porque contiene no solamente prácticas políticas, sino un fuerte componente emocional y un correlativo proceso de deseo, que es, este último, asimismo un conjunto de procesos inconscientes.

En un acontecimiento se presenta entonces un triple nudo constituido por la razón, la emoción y el deseo. Desenredar tal nudo es la tarea. ¿Se puede lograr? Se pueden lograr resultados siempre a medias, porque un acontecimiento no es estático, se mueve, cambia, muta. Es decir, está continuamente en proceso.

 Y esos resultados relativos derivan, asimismo, de la complejidad del fenómeno.

Digamos, pues, que los acontecimientos poseen la marca de la complejidad.

¿Qué es la complejidad?

 “A primera vista la complejidad es un tejido (complexus: lo que está tejido en conjunto) de constituyentes heterogéneos inseparablemente asociados: presenta la paradoja de lo uno y lo múltiple. Al mirar con más atención, la complejidad es, efectivamente, el tejido de eventos, acciones, interacciones, determinaciones, azares, que constituyen nuestro mundo fenoménico” nos dice Edgar Morin.

Señalemos una tercera enunciación de la tarea filosófica:

La filosofía se ocupa de los acontecimientos complejos.

Pongamos algunos ejemplos de acontecimientos complejos:

Los movimientos feministas actuales. Su interpretación filosófica debe tener en cuenta la red de significaciones que se le atribuyen e intentar entonces revelarlo (filosóficamente) en su compleja trama que incluye posturas políticas, culturales y deseantes y donde no podemos separar una de esas componentes sin que se pierda su sentido.

El  patriarcado es otro acontecimiento importante, con una muy larga presencia en las sociedades y que funciona como trasfondo de las luchas feministas. Es un fenómeno de una enorme complejidad y que debe ser estudiado en sí mismo y no sólo como sustrato de los feminismos.

La actual pandemia es un acontecimiento relevante y que cumple con todos los datos que hemos señalado como para ser analizado de una forma compleja, aunque tiene el problema de que aún está en desarrollo y por ende pueden emerger nuevos elementos todavía desconocidos.

Vayamos ahora al encuentro de nuestro hipotético lector. Habíamos dicho que tiene aspiraciones más modestas que las que impone la metafísica tradicional y que lo que busca es comprender en profundidad qué sucede en la sociedad. Mejor aún, lo que sucede en su sociedad. Y se dedica a lo más significativo (en términos filosóficos) que emerge en su sociedad, esto es, a esos acontecimientos complejos de los que hablábamos.

Hagamos un paréntesis esclarecedor y que nos libre de culpa: este lector (o lectora) ni es imparcial ni pretende encontrarse en  el centro de la actividad filosófica. En realidad forma parte del contingente de lectores/escritores de Revista Belbo, por ejemplo, y reconoce que no existe una sola manera de filosofar sino múltiples. Su reflexión y su punto de vista es singular, es el de uno (o una) entre una maraña de tendencias actuales, y no se trata de lograr el centro de la reflexión filosófica, no hay posibilidades, para el o ella, de colocarse en un sitio de relevancia singular.

Ha optado por leer en clave de interpretación compleja porque le parece que es la manera más rica en connotaciones que ha encontrado en el panorama de la filosofía actual.

Es más, esta modalidad es la que más le ofrece para posicionarse como lector/escritor ya que le permite reflexionar sobre su reflexión (le permite un trabajo recursivo) y llegar de ese modo a una interpretación nueva, una que lo haga autor de sus lecturas y reflexiones.

Ricardo Piglia dice en más de una ocasión  que un lector atento se transforma en autor de lo que lee. Trasladamos esta postura al campo filosófico y sostenemos lo mismo: quien lee con seriedad a un filósofo se convierte en un creador, alguien que elabora lo leído a efectos de alcanzar una doble meta: conocer más y mejor y actuar concomitantemente. Esto último es de una importancia crucial, creemos, y se encuentra a contrapelo de las tendencias posmodernas que diluyen al lector en una serie de variaciones débiles de lo leído y que concluyen que ya no importa la seriedad de las posturas que se puedan adoptar, puesto que estamos en la era de la posverdad (y otras sandeces por el estilo).

Es más, nuestro lector sabe que no se puede separar una actividad entre lo que se piensa de la misma y lo que se hace, sabe que no se puede dividir la teoría de la práctica y viceversa.

Existe una arraigada creencia que afirma que la tarea del filosofar es puramente teórica y que, concomitantemente, importan más las preguntas filosóficas que las respuestas.

En su camino de lector en profundidad, nuestro amigo no está de acuerdo con estas creencias y adhiere a la corriente que no separa teoría y práctica y afirma que lo que verdaderamente importa son las respuestas.

Parafraseando una conocida sentencia, lo que pretende es acompañar a los que entienden a la tarea filosófica como transformación del mundo.

En lo que seguirá nos proponemos ilustrar todo esto con un ejemplo de lectura transformadora.

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