Por Julian Assange

Discurso que pronunció el periodista norteamericano Chris Hedges frente al Departamento de Justicia en Washington, el sábado 8 de octubre en un mitin en el que pidió a Estados Unidos que revocara su solicitud de extradición de Julian Assange: “No podemos luchar en nombre de Julian a menos que tengamos claro contra quién estamos luchando”.

Por Chris Hedges* 

WASHINGTON, DC — Merrick Garland y quienes trabajan en el Departamento de Justicia son los títeres, no los titiriteros. Son la fachada, la ficción, de que la  larga persecución  a Julian Assange tiene algo que ver con la Justicia. Al igual que el Tribunal Superior de Londres, realizan una elaborada pantomima judicial. Debaten arcanos matices legales para distraer la atención de la farsa dickensiana en la que un hombre que no ha cometido un delito, que no es ciudadano estadounidense, puede ser extraditado en virtud de la Ley de Espionaje y condenado a cadena perpetua por ejercer el periodismo más valiente y consecuente de nuestro generación.

La máquina que impulsó el linchamiento de Julian no está aquí, en Pennsylvania Avenue Langley, Virginia, sino en la sede de un Complejo que nunca se nos permitirá conocer por dentro: la Agencia Central de Inteligencia (CIA). Es decir: proviene de un Estado Interno secreto, que nos está arrastrando a la loca reafirmación del imperio y de la explotación más despiadada.  Los engranajes de este leviatán moderno fueron expuestos por Julian y por WikiLeaks, y la máquina exige venganza. 

Estados Unidos ha sufrido un golpe de Estado corporativo en cámara lenta. Ya no es una democracia que funcione. Los verdaderos centros de poder, en los sectores empresarial, militar y de seguridad nacional, fueron humillados y expuestos a la luz del sol por WikiLeaks. Sus crímenes de guerra; sus mentiras; sus conspiraciones para aplastar las aspiraciones democráticas de los pueblos más vulnerables y pobres, y la corrupción desenfrenada, aquí y en todo el mundo, quedaron al descubierto en miles de documentos filtrados.  

No podemos luchar en nombre de Julian a menos que tengamos claro contra quién estamos luchando. Estamos luchando en contra de un poder que es mucho peor que un poder judicial corrupto. El poder que constituye la clase de los multimillonarios globales, una clase que es la responsable de haber orquestado una desigualdad social equivalente a la del Egipto faraónico, una clase que ha tomado internamente todas las palancas del poder y nos ha convertido en la población más espiada, monitoreada, vigilada y fotografiada en la historia humana. Cuando el Gobierno te vigila las 24 horas del día, se acabó tu libertad. Es la misma relación que existe entre un amo y un esclavo. Julian fue durante mucho tiempo un objetivo a controlar, por supuesto, pero cuando WikiLeaks  publicó  los documentos  conocidos como Vault 7, que puso en evidencia las herramientas de piratería que usa la CIA para monitorear nuestros teléfonos, televisores e incluso automóviles, él, y el periodismo mismo, fueron condenados a la crucifixión. El objetivo es impedir cualquier investigación sobre el funcionamiento interno del poder que pueda responsabilizar a la clase dominante por sus crímenes, confundir a la opinión pública y reemplazarla por la palabrería vacía que emplea la mafia.

Armado y peligroso – por Mr. Fish

Pasé dos décadas como corresponsal extranjero en los confines del imperio en América Latina, África, Medio Oriente y los Balcanes. Soy muy consciente del salvajismo del imperio, de cómo las herramientas brutales de la represión se emplean contra los  “condenados de la tierra”, como dice Franz Fanon. Vigilancia al por mayor; tortura; golpes de estado; cárceles clandestinas; operaciones de propaganda; policías militarizadas; drones ofensivos; masacres; guerras… Una vez perfeccionadas en el extranjero, estas herramientas migran de regreso a la patria. Al vaciar nuestro país desde adentro a través de la desindustrialización, la austeridad, la desregulación, el estancamiento de los salarios, la abolición de los sindicatos, los gastos masivos en guerra y en inteligencia, la negativa en afrontar la emergencia climática y una virtual indemnidad fiscal para las personas y corporaciones más ricas, los depredadores pretenden mantenernos en cautiverio, víctimas de un  neofeudalismo corporativo. En ese sentido, han perfeccionado sus instrumentos de control orwelliano. La tiranía impuesta a los demás también se nos impone a nosotros.

Desde sus inicios, la CIA  llevó a cabo  asesinatos, golpes, tortura, espionaje y abusos ilegales, sin excluir de esta práctica a los ciudadanos estadounidenses. Estas actividades han sido expuestas  en 1975, en las audiencias del Comité Church en el Senado y en las  audiencias del Comité Pike en la Cámara de Representantes. Todos estos crímenes, especialmente después de los ataques del 11 de septiembre, han regresado con fuerza. La CIA es hoy una organización paramilitar rebelde e irresponsable, con sus propias unidades armadas y programa de drones, escuadrones de la muerte y un vasto archipiélago de cárceles clandestinas globales donde las víctimas secuestradas son torturadas y desaparecidas. 

EEUU asigna un presupuesto secreto de alrededor de $50 mil millones de dólares al año para ocultar múltiples tipos de proyectos clandestinos llevados a cabo por la Agencia de Seguridad Nacional, la CIA y otras agencias de inteligencia, generalmente más allá del escrutinio del Congreso. La CIA tiene un aparato bien aceitado para secuestrar, torturar y asesinar objetivos en todo el mundo, instalando sistemas de videovigilancia de 24 horas, como ya había hecho con Julian en la Embajada de Ecuador en Londres, mientras se deliberaba si secuestrarlo y/o asesinarlo. Ese es su negocio. El senador Frank Church, después de examinar los documentos de la CIA entregados a su comité,  definió la “actividad encubierta” como “un disfraz semántico para el asesinato, la coerción, el chantaje, el soborno, la difusión de mentiras y la asociación con torturadores conocidos y terroristas internacionales”.

Todos los despotismos enmascaran la persecución estatal con procedimientos judiciales ad hoc, como se hizo en la Unión Soviética de Stalin, en la Alemania nazi o en la China de Mao. El crimen de Estado se presenta siempre envuelto en una falsa legalidad; o mera farsa judicial.

Estamos aquí para luchar por Julian, pero también estamos aquí para luchar contra poderosas fuerzas subterráneas que, al exigir la extradición y cadena perpetua de Julian, le han declarado la guerra al periodismo. 

Estamos aquí para luchar por Julian, pero también estamos aquí para luchar por la restauración del Estado de Derecho y la Democracia. 

Estamos aquí para luchar por Julian, pero también estamos aquí para denunciar a esta vigilancia estatal omnipresente al estilo de la Stasi nazista, extendida ahora a todo Occidente. 

Si Julian es extraditado y sentenciado (y dadas las inclinaciones similares a Lubyanka del Distrito Este de Virginia, esto es  casi una certeza), significará que aquellos que hemos publicado material clasificado, como hice cuando trabajaba para The New York Times, seremos convertidos en criminales. Significará que levantarán una cortina de acero a los fines de impedir la difusión de información sobre los abusos de poder. Significará que el Estado, a través de las Medidas Administrativas Especiales, las leyes antiterroristas y la Ley de Espionaje, podrá  encarcelar  a cualquier persona en cualquier parte del mundo que se atreva a cometer el crimen de decir la verdad.

Estamos aquí para luchar por Julian, pero también (y permítanme enfatizar mis palabras en beneficio de aquellos que, como el FBI y la Seguridad Nacional, han venido aquí para monitorearnos) estamos aquí para derrocar al Estado Corporativo y crear un gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo, que sabrá apreciar, en lugar de perseguir, a los mejores de nosotros.

Entrevista de Chris Hedges  a John Shipton, padre de Julian

*El artículo original se publicó aquí. La versión en castellano fue realizada por Revista Belbo.

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