

Selección y traducción al castellano: Susana Sherar
In memoriam de Gilles Chatenay
Michel Foucault, el autor más leído en el mundo en ciencias humanas y sociales, entre los años 1970 y 1984 dirigió la cátedra Historia de los Sistemas de Pensamiento en el Collège de France* de París. Hay que imaginar el ambiente particular de la performance teatral que constituían sus cursos, como lo cuenta un periodista de esa época:
“Cuando Foucault entra en la arena, rápido y enérgico como alguien que se tira al agua, saltando por encima de los cuerpos para llegar a su silla, corre el grabador para apoyar sus papeles, se saca el saco, prende una lámpara y arranca a toda velocidad. Hay 300 butacas y 500 personas, venidas de todo el mundo, aglutinados, llenando todos el espacio… Ningún efecto de oratoria. Límpido y terriblemente eficaz. Ninguna concesión a la improvisación”.
Foucault lo describe de la siguiente manera:
“Tengo con la gente que está allí una relación de actor o de acróbata, y cuando termino de hablar, una sensación de soledad”.
Los cursos eran semanales y duraban una hora. Gracias a las grabaciones de los asistentes se pudieron guardar huellas sonoras, que France Culture difundió en varias oportunidades. Didier Fassin**, estudioso de su obra, nos introduce a algunos fragmentos de este curso que selecciona para una emisión de dicha radio: “Reencontrar a Foucault. 16 lecciones de filosofía. Episodio 9” (ver aquí):

Homo economicus
Fassin: “El homo economicus es un empresario y un empresario de sí mismo”, dice Michel Foucault. El pensamiento económico no modela solamente la realidad económica, sino que se insinúa en todas las dimensiones de la vida social. Es lo que Michel Foucault analiza en su curso del Collège de France en 1979, “Nacimiento de la biopolítica”.
El neoliberalismo produjo así un nuevo avatar del homo economicus, un ser humano definido por las lógicas económicas.
Ya no es el homo economicus del liberalismo clásico, cuya racionalidad reposaba sobre el intercambio de bienes, de servicios, de fuerza de trabajo. De ahora en más, es un empresario de sí mismo. Ya no es alternativamente un productor cuando está en el taller o en la fábrica, y un consumidor cuando entra en una tienda o un mercado.
Es los dos a la vez. Y eso, gracias al capital humano que representa. Este concepto, desarrollado por los economistas estadounidenses Theodore Schultz y Gary Becker, representa una valorización de competencias, de experiencias, de saberes, de la creatividad.
Es cierto que, como lo nota Michel Foucault, Marx había demostrado, mucho antes que ellos, la importancia de la fuerza de trabajo de los obreros en la producción capitalista. Pero los teóricos del neoliberalismo transforman este dato en un bien mensurable. Los individuos pueden entonces invertir en su propio capital humano, especialmente a través de la educación y la formación, para volverse más productivos y mejor remunerados.
Pero la sociedad puede también invertir en el capital humano de sus miembros a fin de aumentar su crecimiento económico. En esta visión del mundo, los seres humanos forman parte –como las empresas, las máquinas y las acciones– del capital.
Curso del 14 de marzo de 1979
Michel Foucault: Una sociedad hecha de unidades-empresa es, al mismo tiempo, el principio de desciframiento del neoliberalismo y su programación para la racionalización de una sociedad y de una economía.
Yo diría que, en un sentido, y es lo que se dice tradicionalmente, el neoliberalismo aparece en esas condiciones como retorno al homo economicus. Es verdad, pero con un bemol. Porque en la concepción clásica del homo economicus, este hombre económico es el hombre del intercambio, es el partenaire, es uno de los dos partenaires en el proceso del intercambio.
Y este hombre económico, partenaire del intercambio, implica por supuesto un análisis de lo que es él: una descomposición de sus comportamientos y maneras de hacer en términos de utilidad, que se refiere a una problemática de las necesidades, puesto que es a partir de esas necesidades que podrá ser caracterizado o definido, o en todo caso que podrá ser fundada la utilidad que llevará al proceso de intercambio.
Homo economicus como partenaire del intercambio, teoría de la utilidad a partir del problema de las necesidades: es eso lo que caracteriza la concepción clásica del homo economicus. En el neoliberalismo vamos a encontrar también, y no lo ocultan –es más, está proclamado–, una teoría del homo economicus.
Pero el homo economicus no es para nada un partenaire del intercambio, es un empresario y un empresario de él mismo. Y la cuestión es tan cierta que prácticamente va a ser la apuesta de todos los análisis que hacen los neoliberales, de sustituirle a cada instante, al homo economicus partenaire del intercambio, un homo economicus empresario de sí mismo, siendo él mismo su propio capital, siendo su propio productor, siendo su fuente de ganancias.
Y ahí tienen en Gary Becker, justamente, toda una teoría muy interesante del consumo, en la que Becker dice que no hay que creer que el consumo consista simplemente en estar en un proceso de intercambio: el que compra hace un intercambio monetario para obtener un producto, etcétera. El consumidor no es un término del intercambio, sino que, en la medida en que consume, es un productor. ¿Un productor de qué? Y bien, simplemente un productor de su propia satisfacción. Y hay que considerar el consumo como una actividad de empresa por la cual el individuo, a partir precisamente del capital del que dispone, va a producir otra cosa: su propia satisfacción.
En consecuencia, la teoría del análisis clásico repite cien veces que el que es consumidor por un lado y por otro productor, está de alguna manera dividido con respecto a él mismo. Todos los análisis sociológicos (que no fueron nunca económicos) de la sociedad de consumo no se sostienen, no valen nada con respecto a lo que sería un análisis del consumo en los términos nuevos de la filosofía. Es un cambio concreto en la concepción del homo economicus, incluso si hay efectivamente retorno a esta idea de un homo economicus como el punto de análisis, la grilla de análisis de la actividad económica. Entonces deciden que el salario no es nada más que la remuneración, la ganancia afectada a un cierto capital, capital llamado “humano” en la medida en que justamente la competencia de la máquina, que lo antecedió, no puede disociarse del individuo humano, que es su portador.
Ahora… ¿de qué está compuesta esta idea? Y es ahí donde esta reintroducción del trabajo en el campo del análisis económico va a permitir, por una especie de aceleración o de extensión, pasar ahora al análisis económico, elementos que hasta ahí habían escapado totalmente. ¿Qué dicen los neoliberales? El trabajo formaba parte, con pleno derecho, del análisis económico, pero del análisis económico clásico; es decir, la economía no era capaz de tomar a cargo este elemento de trabajo como nosotros lo hacemos. A partir del momento en que lo hacen, lo hacen en los términos que les acabo de decir, entonces son llevados a estudiar la manera en que se constituye y se acumula ese capital humano, y eso les permite aplicar los análisis económicos a campos y dominios completamente nuevos.
Bueno. El capital humano… ¿de qué está compuesto? Está compuesto de elementos innatos y, otros, que son elementos activos. Entre los elementos innatos están los que se pueden llamar “hereditarios”, y otros que son absolutamente innatos.
Sobre este problema de los elementos hereditarios del capital humano, pienso que no hay estudios hechos, pero se ve muy bien cómo podrían hacerse y, sobre todo, se ve muy bien, a través de un cierto número de inquietudes, de preocupaciones, de problemas, etcétera, cómo algo que está naciendo, que podría ser, correctamente o incorrectamente, en efecto, la contrapartida de la teorización clásica de esos neoliberales, como lo dije de Schultz o de Becker, por ejemplo, que dijeron que la constitución del capital humano no tiene interés, y se vuelve pertinente para los economistas solo en la medida en que ese capital se constituye gracias a la utilización de recursos raros cuyo uso sería abstracto para un fin dado.
Es muy evidente, si quieren, que no tenemos que pagar para tener el cuerpo que tenemos, o que no tenemos que pagar para tener el bagaje genético. No cuesta nada…
Didier Fassin: Durante largo tiempo, el saber económico trataba sobre la producción, la distribución y el consumo de bienes y servicios; del capital y del trabajo, de ahorro e inversión, de riqueza de las naciones y del comportamiento de las familias.
Continúa siendo así, pero dándose ahora un estatuto de ciencia universal y considerando al ser humano como un homo economicus movido por racionalidades potencialmente cuantificables. La economía se volvió una disciplina aplicable a un número creciente de esferas de la vida en sociedad de los que Michel Foucault da una serie de ilustraciones.
Así, en materia de delincuencia y criminalidad, una infracción puede ser interpretada sin referencia a la historia, a la personalidad, al medio ambiente ni a las condiciones de vida del individuo sobre la única base del análisis de elección racional en términos de utilidad. En el caso de un robo, por ejemplo, la comisión del delito se presenta como siendo únicamente el resultado del cálculo entre el beneficio esperado del acto, la suma robada y su uso potencial, y el riesgo corrido, o sea la probabilidad de hacerse agarrar multiplicada por el monto de la multa. A partir de ahí, este análisis separado de toda dimensión social desemboca sobre proposiciones concretas, por ejemplo, de aumentar la presencia policial o la severidad penal con la idea relativamente simplista de volverse más disuasivo.
Haciendo del ser humano un homo economicus, el pensamiento económico se vuelve así una forma de gobierno.
Curso del 28 de marzo de 1979
Foucault: Ese problema del homo economicus y de su aplicabilidad me parece interesante, porque en esta generalización de la grilla homo economicus a campos que no son inmediata y directamente económicos, en esta aplicación, creo que hay apuestas importantes. No, la apuesta más importante es el problema de la identificación del objeto de análisis económico con toda conducta, cualquiera sea, que implique, por supuesto, una prestación óptima de recursos raros a fines alternativos, la cual es la definición más general del objeto de análisis económico, tal como fue definido, en general, en la escuela clásica, pero detrás de esta identificación del objeto del análisis económico con sus conductas –que implica una asignación óptima de recursos a fines alternativos– encontramos la posibilidad de una generalización del objeto económico, que iría hasta implicar toda conducta que utilizaría medios limitados a un fin, entre otros; y finalmente llegamos a esto: lo que puede ser el objeto del análisis económico debe ser identificado con toda conducta finalizada que implica, en general, una elección estratégica de medios, de vías, de instrumentos. En suma, la identificación del objeto de análisis económico con toda conducta racional. Después de todo, ¿la economía no es el análisis de las conductas racionales, cualquiera sea, y toda conducta racional no relevaría de algo como un análisis económico? Y también: ¿una conducta racional. como la que consiste en sostener un razonamiento formal, no es una conducta económica en el sentido en que la hemos definido? Es decir: asignación óptima de recursos raros a fines alternativos, puesto que un razonamiento formal consiste en esto: que se dispone de un cierto número de recursos que son recursos raros.
Estos recursos raros son por ejemplo un sistema simbólico, un juego de acciones, ciertas reglas de construcción, no todas, ni tampoco cualquier sistema simbólico, solo algunos. Recursos raros, que se van a utilizar óptimamente para un fin determinado y alternativo, en este caso una conclusión más bien verdadera que falsa hacia la cual se tratará de ir por la mejor asignacíón posible de esos recursos raros. ¡No sé por qué no se podría definir todo comportamiento racional, cualquiera sea, como objeto posible de un análisis económico!
El homo economicus es el que acepta la realidad, la conducta racional es toda conducta que es sensible a las modificaciones de las variables del medioambiente y que responde de manera no aleatoria, o sea de manera sistemátic,a y la economía va a poder entonces definirse como la ciencia del sistematismo de las respuestas a las variables del medioambiente. Definición colosal, que los economistas están lejos de asumir pero que presenta un cierto interés, un interés práctico, en la medida en que cuando ustedes definen el objeto del análisis económico como el conjunto de respuestas sistemáticas de un individuo dado a las variables del medio ambiente, se ve que puede integrarse perfectamente a la economía toda una serie de técnicas, esas técnicas que están en boga actualmente en los EEUU y que se llaman las técnicas comportamentales.
El homo economicus es el que obedece a su interés, es aquel cuyo interés es tal que va a converger espontáneamente con el interés de los otros. Desde el punto de vista del una teoría del gobierno, el HE es el que no hay que tocar, aquel al que lo dejan hacer (laissez faire***).
Es el sujeto, o el objeto, como ustedes quieran, del dejar hacer. Es el partenaire de un gobierno cuya regla es el dejar hacer.Es el partenaire de un gobierno cuya regla es el laissez faire. Y ahí vemos que el HE en esa definición de Becker aparece como lo que es manejable, el que es eminentemente gobernable. De partenaire intangible del dejar hacer, el HE aparece ahora como correlativo de una gobernabilidad que va a actuar sobre el medio ambiente y modificar sistemáticamente las variables del entorno. Esa paradoja me permite situar el problema del que quisiera hablarles y que es el siguiente:
¿Desde el siglo XVIII el HE sirve a erigir ante todo gobierno posible un elemento que le es esencial e incondicionalmente irreductible? Al definir el HE ¿no se trata acaso de indicar cuál es el dominio que será definitivamente inaccesible a toda acción del gobierno? ¿El HE es un átomo de libertad frente a todas las condiciones, a todas las empresas, a todas las legislaciones, a todas las prohibiciones de un gobierno posible? O el HE con relación a un arte de gobernar ¿no era ya ahí un cierto tipo de sujeto que permitía justamente a un arte de gobernar la posibilidad de articularse, de regularse según el principio de la economía? De la economía en los dos sentidos del término : economía en el sentido de economía política y economía en el sentido de restricción, de autolimitación, de frugalidad del gobernador. No tengo necesidad de decirles que la manera en que planteo esta pregunta da enseguida la respuesta. Pero es de eso de lo que quería hablarles, es decir del HE como partenaire, como elemento de base de la nueva razón gubernamental tal como fue formada en el siglo XVIII.
La racionalidad económica se encuentra no solamente rodeada sino fundada sobre el desconocimiento de la totalidad del proceso. El HE es el único islote de racionalidad posible en el interior de un proceso económico cuyo carácter incontrolable no se opone, sino al contrario, funda la racionalidad del comportamiento atomístico del HE, que es naturalmente opaco e intotalizable. Está originaria y definitivamente constituido de puntos de vista cuya multiplicidad es tanto más irreductible que ella y asegura espontáneamente al final de cuentas la convergencia de ambos. La economía es una disciplina vertical, una disciplina sin Dios, que comienza a manifestar no solamente su inutilidad, sino la imposibilidad de un punto de vista soberano, de un punto de vista de soberano sobre la totalidad del Estado que debe gobernarla. La economía sutiliza la forma jurídica del soberano ejerciendo su soberanía en el interior del estado, le sutiliza lo que está apareciendo como esencial de la vida de una sociedad, a saber: los procesos económicos.
El liberalismo en su consistencia moderna comenzó cuando formuló esta incompatibilidad esencial entre la multiplicidad no totalizable (características de los sujetos de interés) y de los sujetos económicos, por una parte, y la unidad totalizante del soberano jurídico, por otra parte.
Didier Fassin: Única incursión en el dominio económico en el siglo XX, el curso “Nacimiento de la biopolítica”, constituye una suerte de paréntesis en la obra de Michel Foucault. Sin embargo su análisis ha contribuido a renovar la manera en que pensamos el neoliberalismo.
* Collège de France: Investigación y enseñanza son estrechamente ligadas en el Collège de France, que tiene como divisa enseñar “el saber en vías de constituirse” en todos los dominios de las letras, las artes o las ciencias. Dispensa cursos de alto nivel, gratuitos, no diplomantes, y abierto a todos sin condición. Fue fundado en 1530 por Francisco I como Colegio Real.
**Didier Fassin: antropólogo, sociólogo y médico francés, profesor en el Collège de France y en Princeton, dedicado a Cuestiones morales y apuestas políticas contemporáneas.
*** El laissez-faire es una teoría económica que predica una intervención mínima del Estado en los asuntos económicos favoreciendo así, la libre competencia y la innovación.

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