

Por Fidel Maguna
Creo en el perdón, que nos permite invertir los símbolos
y así acercarnos un poco más al infinito.
Creo en la inversión de los símbolos, que nos permite perdonar
y así acercarnos un poco más al paraíso.
Creo en la gracia de ver el mundo al revés como lo miró San Pedro.
Creo en el milagro de la múltiple acepción de todas palabras.
Creo en la ternura del adolescente anarquista
que pintó una frase incendiaria en las puertas de mi templo:
creo yo también en lo que arde e ilumina;
creo en San Francisco, hermano del fuego, ardiendo de amor
en un claro del bosque de Asís y en un bosque en los ojos de Clara.
Creo en las bombitas de pintura que salpicaron la fachada
de nuestra sagrada Catedral mientras yo comulgaba:
creo en el color, creo en las estrellas azules y rosadas
y en la montaña blanca que dibujó la pintura derramada.
Creo en la belleza misteriosa de lo impredecible.
Creo en los que marchan bailando.
Creo en los que no pueden creer y aún así son buenos y aman.
Creo en el poeta César Vallejo cuando dijo que sólo es puro lo absurdo.
Creo en el lenguaje infinito que funda una infinita cantidad de mejillas.
Creo en el lenguaje que nos libera de las oscuras celdas
de lenguaje que fundaron ciertos curas y laicos.
Creo en quienes redactaron su apostasía y no llegaron a mandarla.
Creo en quienes llegaron a mandarla y aún así sienten algo
cada vez que miran o esquivan los ojos de Cristo en la cruz.
Creo que todos los sentimientos en el fondo son el mismo.
Creo en la iglesia que se abre en las puertas de un mendigo.
Creo en el mendigo que reza en las puertas cerradas de una iglesia.
Creo en los que se persignan por costumbre y en los que lloran de rodillas.
Creo que todas las cosas tienen la estructura de un milagro.


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Bien Fidel!