Una comedia de nuestra tragedia contemporánea

Fotograma del film.

Sobre Sexo desafortunado o porno loco, la película rumana que llegó este año a los cines argentinos.

Por Manuel Ventureira

Sin preaviso y sin piedad, como un baldazo de agua fría, Sexo desafortunado o porno loco (2021) comienza con un bombardeo de sexo explícito (¿no simulado?) y dirty talk dignos de los portales pornográficos más cotizados y merecedor del cartelito de “Transferido numerosas veces” con que WhatsApp identifica los archivos que circulan masivamente entre sus usuarios. En otras palabras, la película del rumano Radu Jude pone de entrada, literalmente, toda la carne al asador. Los protagonistas de este registro amateur son Emilia —maestra de historia en una escuela primaria— y su marido. Por supuesto, si nosotros lo estamos viendo es porque el video se ha subido a las redes y, por lo tanto, ha llegado a conocimiento del mundo entero, pero particular y conflictivamente, de la comunidad educativa donde ella trabaja.

Ese es el planteo de base, el objeto de trabajo que el director ha elegido para elaborar un diagnóstico sociológico y político postpandemia. Oscilando entre la sátira ficcional y el ensayo histórico, Sexo desafortunado o porno loco remite a una concepción del cine como aparato crítico pero también como acción política en sí mismo. Es lo que parece desprenderse de la definición misma de cine que se presenta en la segunda de las tres partes en que se divide este film, cuando se evoca la decapitación de Medusa a manos de Perseo: el cine metaforizado como un escudo cuyo reflejo nos permite ver a la gorgona Medusa sin ser petrificados por su rostro.

La Medusa de Radu Jude es la realidad que incomoda y la que ha elegido representar. En este sentido, los espectadores somos sometidos a una especie de prueba de resistencia, porque todo es incómodo en esta película. Y no me refiero a las escenas que desafían nuestro sentido del pudor (escribiendo esto cometí un lapsus, y en vez de “pudor”, puse “poder”), ya que claramente no es la imagen que surge de las mismas lo que nos perturba, sino el hecho de que las estamos observando, probablemente, en una sala de cine, en compañía de una serie de desconocidos frente a quienes —salvo que tengamos algún hábito exhibicionista— no nos gustaría exponer nuestros momentos de intimidad. Radu Jude no hace concesiones al respecto y por eso, en lugar de servirnos con flashes, la duración de esas escenas hardcore se dilata por varios segundos, como si buscaran interpelar al espectador, desubicarlo, incitarlo y, ¿por qué no?, excitarlo.

Radu Jude. Foto: Collection Christophel, AFP

Pero también incomoda la cámara que se desacopla de los movimientos del personaje para enfocar las fachadas de una Bucarest que (pese a las obras públicas que complican un tránsito vehicular de por sí infernal) parece caerse a pedazos; una cámara que enfoca los avisos publicitarios y marquesinas de las casas de cambio y se distrae del objetivo, tal como lo haría el cameraman de una película porno casera, quien dejándose llevar por la excitación del acto sexual termina apuntando la lente al ventilador de techo en lugar de los genitales. ¿Y acaso no incomodan también las varias y morosas citas textuales que parecen querer contraponer la escritura (es decir, la reflexión) a la violencia de los lacónicos veredictos de Twitter?

Comedia de nuestra tragedia contemporánea, Sexo desafortunado o porno loco denuncia lo que ya sabemos acerca de nuestras sociedades, esto es: que avalamos cotidianamente un capitalismo desenfrenado, que sostenemos morales hipócritas y anquilosadas instituciones autoritarias, etcétera, etcétera. Hay otras películas que expresan lo mismo y mejor. Sin embargo, la originalidad de los postulados en este film recae en su capacidad de correr el eje del debate y replantear el modo en que acostumbramos a pensar la vida privada. Lejos de tratarse de una cuestión de selección y de filtro, de decidir qué es lo válido y qué es censurable a la hora de mostrar, Sexo desafortunado o porno loco invita a poner el foco en el que mira y en cómo se mira, antes que en lo mostrado y en la persona del que muestra, como también nos conduce a pensar la relación entre imagen y observador no como un dilema moral sino como un problema político.

Asimismo, la invitación es a revisar la historia y preguntarse por las múltiples, complejas y sutiles maneras en que el fascismo prolifera en una sociedad y no olvidar que la línea entre la violencia simbólica y la física puede ser más delgada de lo que creemos.

Si no permanecimos insensibles a estas discusiones, si la película se sigue proyectando en nuestra mente una vez que las luces de la sala se encienden y el público se vuelca a las calles, significa que ella ha comenzado a producir un efecto en la realidad. Es decir, un efecto político.

Título original: Babardeală cu buclucsau porno balamuc
País de origen: Rumania
Año: 2021
Dirección y guión: Radu Jude
Fotografía: Marius Panduru
Intérpretes: Katia Pascariu, Claudia Ieremia, Olimpia Malai, Nicodim Ungureanu, Alexandru Potocean
Duración: 106 minutos
Premios: Oso de Oro de la Berlinale 2021 a Mejor Película
Estreno en cines de Argentina: Enero de 2022

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